jueves, 1 de julio de 2021

Feliz cumpleaños a mi


Fue un primero de julio de hace 38 años cuando abrí mis ojitos al mundo por primera vez. Esto, después de una semana intensa para mi madre, quien sufrió terribles dolores previos a mi nacimiento.
Y es que los médicos del IMSS de Reynosa, en el 83 pues esperaban que yo naciera de manera normal, sin embargo yo tenía mis propios planes.
Después de tenerla caminando para que pudiera “bajar“ pues según mi mamá, pese a que tenía contracciones muy fuertes, yo aun no estaba en posición para nacer.
Una semana entera pasó y nada, hasta que mi pobre madre ya no sentía dolor entonces decidieron que era el momento de tomar medidas drásticas.
El aquellos años no había aparatos de ultrasonido, y es por eso que no se pudieron dar cuenta del problema que estaba ocurriendo hasta que hicieron la cesárea. Fue ahí que descubrieron que tenía el cordón umbilical enredado en el cuello.
Las esperanzas para que yo me lograra, según palabras de mi mamá, no eran muchas, pues yo nací con la cara negra, debido a la falta de oxigeno y que el cordón tenía tiempo sofocándome.
Mi mamá viendo la situación le hizo una promesa a la Virgen de Guadalupe, de quien es rebota desde siempre. Si yo “me lograba”, es decir, vivía, mi primer nombre sería el suyo, Guadalupe.
Y es por eso que así me llamo, siendo Viridiana mi segundo nombre y el que mi mamá ya tenía pensado para mi.
A lo largo de mi vida ha habido bueno, malos y maravillosos días, pero quizás algún día haga un libro sobre mi vida, en donde pueda narrar como fue. La verdad no sé si les importe, sin embargo es algo que quiero hacer.
En esta ocasión me quiero enfocar en el último año, y es que los 37 han sido intensos, por lo menos en el sentido emocional.

Triste y derrotada.

Cuando empecé mis 37 años, estábamos en medio de una pandemia. Fue un día en donde estuve sola en mi casa, encerrada en compañía de mis perritos: Chleo, Cata y en ese entonces Calito, a quienes días después tuve que despedir con toda la tristeza del mundo.
Y pese a que ya vengo de una cadena de cumpleaños tristes, pues por alguna extraña razón he estado en momentos tristes ese mismo día.
Para el año pasado había planeado juntar a mi pandilla cercana para compartir con ellos unos tamalitos, o cualquier cosa, la verdad eso era lo de menos. Pero justo esa semana se dijo que estábamos en semáforo rojo y que no se permitan ningún tipo de reuniones, cerraron establecimientos, y todo ese desbarajuste que nos pegó fuerte.
Así que estuve sola en casa, conmigo y mis perros.
Me preparé una comida especial y hasta un pastelero, el cual se veía delicioso, pero estaba duro porque no pude comprar harina de pastel.
En fin, en ese momento yo estaba vibrando super bajo, porque estaban pasando muchas cosas en mi vida, como por ejemplo perder la vista, porque si, tuve cataratas en ambos ojos que no me permitían ver, no voy a decir que bien porque simplemente así fue, no me dejaban ver.
Entonces me sentía sola, triste y sin ánimos de nada. Solo podía pensar en que “estoy tan acostumbrada que en mi vida siempre hay cosas más importantes que yo, que ya a estas alturas no me afecta tanto que nadie haya podido estar ese día especial conmigo” y fingía que no me importaba, cuando me la pasé llorando desde unos días antes, hasta unos días después. 
Realmente para mi, la fecha de mi cumpleaños hasta entonces, era un momento triste y no alegre o divertido como para todo el mundo.
Me resigné, por decirlo de alguna manera, estaba resignada a que mi vida era así: Siempre estar cuando me necesitan pero cuando yo necesitaba no había nadie. Era parte de mi vida por que repito, siempre pensé que todos tenían cosas más importantes que yo.
Hasta que un día mis hermanas me dijeron que debería ver lo de mi vista, porque me estaba quedando ciega y no estaba haciendo nada para solucionarlo.
Y es que como ya les conté, era muy costoso, me habían reducido el sueldo (aunque no, la verdad no me hubiera alcanzado aun con mi sueldo completo) y yo no sabía que hacer, me había dado por vencida a perder mis ojos.
Pero mis hermanas me llevaron con una psicóloga que me hizo ver que está bien pedir ayuda, que por más fuerte que yo sea, tengo el derecho de sentirme vulnerable y que está bien no poder sola, porque siempre vamos a necesitar de alguien más, por más independientes, valientes y fuertes que podamos ser.
Honestamente yo sentía que no lo merecía, que de alguna manera esto me iba a comprometer con quien me ayudara porque a mi me enseñaron que nadie nunca te va a dar nada solo por que sí. Que debes ganarte las cosas y trabajar si quieres conseguir algo. Era lo que yo me sabía desde que era una niña.
Entonces me puso el reto de pedir ayuda a la gente junto con la foto de mi tarjeta de nómina, pues no tengo ninguna otra.
Tengo que decir que es una de las cosas que más me han costado en la vida, por que yo no pedía nada, ni a mis papás, porque vamos nuevamente, a mi me enseñaron a que soy yo la que tiene que dar siempre y no pedir.
Así que con toda la vergüenza del mundo, lo hice.
Obviamente la respuesta fue totalmente inesperada. Muchas personas me llamaron y me depositaron cantidades que no me esperaba. Personas que ni por mi cabeza pasó que pudieran echarme la mano, lo hicieron. Y quienes pensé me ayudarían, me dejaron en visto.
Fue realmente sorprendente todos los mensajes de apoyo y de cariño que me ofrecieron. Me sentí abrumada, esperanzada e incrédula, todo al mismo tiempo.
Realmente me sentí y me siento tan agradecida, tanto que la palabra “Gracias” no es lo suficientemente grande para decirlo, porque debido a eso pude operarme exitosamente el ojo y recuperar mi vista.
Pero eso no fue lo único que pasó o me dio una lección, no, esto apenas empezaba.

Muchas lecciones.

Ir con la psicóloga y hacer el ejercicio que me puso de tarea, fue solo el primer paso. Sabía que esto no era de un solo día o un solo ejercicio.
Un día, tonteando en youtube, me encontré con el canal de una mujer que hablaba sobre la programación de nuestra mente, superación personal, ley de atracción y meditación.
Ese primer video, (el cual les comparto: https://www.youtube.com/watch?v=MyMIm4lU1fs&t=394s) realmente me hizo darme cuenta de muchas cosas que estaban implantadas en mi cerebro, ideas que no eran mías sino las que alguien más había puesto ahí.
Lo vi más de una vez hasta entenderlo de verdad y tratar de poner en practica todo lo que ella decía, fue ahí que mi mente empezó a cambiar.
Me interesó tanto el tema que busqué más sobre el asunto, aprendí a meditar y descubrí lo relajan que esto puede ser, la paz emocional que te brinda y lo rico que se puede dormir. Porque no, yo ya no podía dormir, estaba engordando mucho y me sentía cada vez peor.
Durante meses seguí con esto de la meditación, visualización y ley de atracción, pero no es tan fácil cambiar una mente negativa a una positiva. Se lleva un poco de trabajo, pero se logra con esfuerzo.
También descubrí lo bendecida que soy y que tenía sentimientos guardados en un rincón profundo en mi subconsciente que debía superar, sino nunca podría salir. Eso de perdonar y soltar, es necesario y cuesta mucho.
Entonces comencé con más meditaciones que me ayudaran a ver las cosas desde otra perspectiva, que me hicieran entender que está bien no ser la mujer tan fuerte que siempre te dijeron que debes ser, que está bien pedir ayuda y lo más importante, aprender a recibir esos regalos que el universo tiene para ti, por que no, tampoco es fácil.
Puedo decir que Dios puso en mi camino a personas maravillosas para guiarme en este nuevo camino que estaba emprendiendo, como la señora Amelia, Martha y Juan Carlos con quien tuve una terapia con ángeles, hermosa que no me siento lista aun para contar por lo personal que fue, pero un día les contaré.
Realmente Dios, el universo o como quieras llamarle, me estaba poniendo todo para que yo me renovara y volviera al camino, dejando atrás esos sentimientos negativos y mala energía que me estaba ahogando.
Aprendí que la felicidad no me la va a dar nadie por que ya está en mi, que está bien llorar cuando las cosas se ponen tristes (porque no, no lloraba), que no puedo esperar que la demás gente cambie porque si quiero que el mundo lo haga tengo que cambiar yo, así la respuesta del mundo será distinta para mi.
Que las personas tienen cada uno sus propios procesos y no debo juzgar o criticarlos por no pensar como yo, que no debo responder a comentarios negativos de cualquier persona y a no responder con negatividad cuando me están atacando, pues soy un ser de luz.
También que cada cosa tiene su tiempo y espacio, y que no debo apresurar nada pues esto me hace vibrar en carencia y al final eso es lo que recibiría. Que nadie me paga por quejarme, y que si lo hago atraigo cosas negativas a mi.
Pero lo más importante que estoy aprendiendo es a perdonar, soltar, que soy merecedora de amor y lo más importante, a amarme a mi misma. Si no te amas tú, ¿cómo puedes esperar que alguien más lo haga?

Bienvenidos 38’s

Así que sé que este nuevo año que está empezando en mi vida en un nuevo ciclo que viene con tantas cosas buenas, positivas y maravillosas. Un crecimiento personal, espiritual y profesional, que estoy segura me llenará tanto el alma que me siento impaciente para recibirlo.
Hoy en día estoy abierta a recibir todas esas bendiciones que Dios tiene para mi, a todos esos regalos que el universo me quiere entregar y tan agradecida por todo lo que tengo, y también lo que no tengo.
Si, sé que mi vida no es perfecta, que yo tampoco lo soy, pero son tan feliz de ser quien soy y de tener esta vida que me ha dejado tantas lecciones y cosas tan buenas, porque hasta eso, las cosas negativas y la basura emocional, se ha estado sacando solita. 
Ya no perderé el tiempo pensando en todo lo que no tengo, porque no me deja ver todo lo que si tengo y puedo disfrutar, y como dijo mi Yo Superior: Disfruta el presente, tu camino porque cuando vuelvas a verlo te darás cuenta de todo lo que te has perdido por estar enfocada en lo que iba a pasar en el futuro.

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