Entre los nervios y las ganas de volver a ver.
Y en que en las anteriores había estado totalmente dormida, con anestesia total por lo que no me enteraba de nada. Bueno, hasta después que los médicos me decían que tenían que amarrarme las manos porque soy de las que tira golpes estando dormida o no se deja hacer.
En fin, estas fueron las cosas de las que hablé con el oftalmólogo en la cita antes de la cirugía en donde me dijo como sería el procedimiento. Que me pondrían anestesia local y que no había necesidad de dormirme totalmente.
Si, esto me puso nerviosa pues no quería ver como ponían una aguja en mi cara o sentir el más mínimo dolor.
Esta idea rondaba mi cabeza todos los días previos a la cirugía, es más hasta ese mismo día.
Aún así creo que fui valiente. O traté de serlo, es decir, por Dios Viridiana, tienes 37 años, deja de tenerle miedo a las agujas. En fin.
Un día antes me llamaron para notificarme que no podía ir acompañada, porque irían más personas con nosotros.
Ah es que la clínica se ofreció muy amablemente en llevarme a Monterrey para ser operada y regresar en ese mismo día. Me habían dicho que alguien podía ir conmigo, así que pensaba llevar a mi hermana, pero esto no fue posible ya que iban dos personas más y no íbamos a caber.
En fin, con todos los nervios del mundo llegué muy puntual a la clínica a esperar para que fueran por nosotros.
En el transcurso me di cuenta que no llevaba mis lentes, por lo que ver el celular no me fue posible.
Y tengo que dejar claro que para este punto yo no veía bien sin lentes ni siquiera la pantalla del celular, todo era borroso, y blanco. Era como todas esas veces que tenía la pupila dilatada. O sea, no veía. Así que me puse los lentes de sol y así estuve.
El trayecto fue ameno y no me pareció tan largo como en otras ocasiones.
Llegamos a Monterrey cerca del medio día, así que estábamos a tiempo pues yo sería la primera en entrar al quirófano y eso sería a la 12:30.
Tan vulnerable.
Al entrar a la clínica me hicieron llenar unas hojas las cuales tenia que ser firmadas por mi acompañante, pero yo iba sola, así que se quedó pendiente. Me dieron una bolsa para poner mis pertenencias y me hicieron esperar un poco. Hasta que me llamaron.Está bien, así lo hice. Me puse los zapatos de tela que me dieron, el gorro y claro, la bata. Me pasaron a un cuartito y ahí me iban a canalizar.
La chica muy linda me trataba de distraer, mientras maniobraba en mi mano derecha. En la parte posterior, para ser exactos, en donde buscaba una vena.
Le comenté que mis venas son delgadas, que generalmente usan material pediátrico y que en esa parte de la mano solo me habían sacado sangre. Me dijo que no había problema, que generalmente usaban ese tipo de material ya que todos los pacientes que tienen en su mayoría son personas de la tercera edad.
Pude sentir como la aguja entró, ella “sobaba” mi mano y yo sentía ese ligero ardor que se siente cada vez que una aguja entra en ti. Por dentro era una niña sentada en posición fetal que lloraba porque tenía miedo.
De pronto quitó su mano y no sentí nada. Le pregunté si ya me había canalizado, pero ella solo respondió que no pudo porque mis venas eran demasiado delgadas y la ponchó. Que llamaría al anestesiólogo.
Si, tenía miedo, y ella seguía haciéndome plática para aligerar mi temor. No lo consiguió.
Cuando llega el anestesiólogo me ve y pone unas gotas en mi ojo derecho, una para dilatar y otra para anestesiar. Y después siguieron poniendo estas gotas.
Cuando trató de canalizarme lo iba a hacer en el mismo lugar en donde ya me habían ponchado, le dije que no, que me dolía que lo hiciera en el pliegue del brazo, ahí nunca batallaban, la que sufría era yo, no los médicos. Total que me decía que me iba a molestar, pero le aseguré que por mi estaba bien.
Lo hizo. Y si, nuevamente pude sentir como él buscaba mi vena, metía la aguja y hacía todo su trabajo. Todo esto mientras intentaba sacarme conversación, pero yo no tenía cabeza para hablar.
Realmente me dan mucho miedo las agujas y cada que me sacan sangre es un martirio para mi.
En ese momento me sentí tan vulnerable, tenía muchas ganas de llorar y me sentía tan sola, porque sabía que afuera no había nadie esperando por mi, que tendría que estar cuidando de mi misma cuando la cirugía acabara, porque ahí pueden echarte la mano, pero nunca te sentirás como cuando alguien de confianza o conocido está contigo.
Ángel, el anestesiólogo, quien me dijo su nombre, me preguntó a que me dedicaba y le dije que que era periodista, y me dijo que mi trabajo era divertido e interesante, yo no dije nada sobre el suyo, imagino que debe pensar lo mismo sino no estuviera en ello.
Me preguntó que qué medicamentos tomaba a diario y le dije que solo vitaminas y colágeno. Con cara de sorpresa volteó a verme y me dijo: ¿En serio? y yo le respondí que sí. Y me preguntó mi edad, le dije que 37, que me veía mayor pero era por las canas que no me había pintado. Solo se rió y dijo: “Estas muy joven para estar en esto” y yo, si, eso dicen.
Todos eso comentarios los hacía para que me relajara, pero no lo conseguía, yo seguía muy nerviosa. Hasta que llegó el momento.
Un caleidoscopio con bebés rosas.
En cuestión de segundos colocaron una tipo sabana que yo creo que era de lona, oxigeno, acomodaron mis manos debajo de mi procurando no maltratar en donde estaba la intravenosa.
Me pidieron que cerrara mis ojos y que limpiarían mi ojo el cual era lo único que tenía descubierto.
De pronto pude sentir una enorme picaron en mi nariz, justo del lado izquierdo. Y de verdad quería rascarme, pensaba que esto tardaría mucho y que no iba a aguantar, así que, intenté rascarme.
No, no pude hacerlo porque escuché: “Qué estas haciendo Viridiana” y yo: “Es que me pica la nariz, me quiero sacar”. Entonces alguien apretó mi nariz, pero no se quitó la comezón.
Entonces empecé a ver muchos colores, como mis ojos estaban cerrados, podía ver caleidoscopios, en donde el rosa, el amarillo, el morado y muchos colores que brillaban se veían ante mi.
Ángel me preguntó que qué estaba viendo y yo dije: muchos colores. Y él preguntó de nuevo: ¿Qué colores son? Y en eso empecé a ver bebés que brotaban por todos lados, pero no le iba a decir eso, así que le dije: “Todos”.Y es que cuando me pidieron que cerrara los ojos, alguien lo presionó, o por lo menos eso sentí. Todo estaba oscuro del lado izquierdo y no sentía nada mas que esa presión en el ojo.
De pronto escuché al doctor: “¡Listo! Ya terminamos, Viridiana”. Y pues yo me quedé pensando: “¿En serio? ¡Pero si acabamos de empezar!”. Total que de la misma manera tan rápida, me quitaron todo lo que me pusieron, incluyendo la intravenosa y me llevaron, nuevamente caminando hacia un sillón para que reposara un rato.
La verdad me sentía cansada, con mucho sueño, me quería dormir, pero también sabía que no debía hacerlo porque alguien más seguía de mi, así que no lo hice.
Le pedí a la enfermera que me estaba cuidando que si me podía tomar una foto y es que como mucha gente me ayudó y estuvo pendiente de mi, quería dejarles saber que ya me habían operado, así que me la tomaron así, con la bata, el gorro y todo el outfit de la cirugía.Ya después me pasaron nuevamente a la sala de espera mientras que el señor que iba con nosotros tenía también su cirugía. Mientras tanto subí las fotos a Facebook para avisar que ya había salido y que todo estaba genial.
Antes de irnos tuvimos que pasar a comer porque estábamos en ayunas, por requerimientos médicos. Y en el restaurante me di cuenta de la importancia que tienen ambos ojos en nosotros no solo para ver, sino para el equilibrio, ya que me dio un poco de vértigo al caminar que tenía que sostenerme de lo que encontrara, porque sentía que el piso se iba, o que era mas profundo el escalón y no sé si realmente era vértigo o aun efectos de la poca anestesia que recibí.
Durante el camino de regreso estos efectos me pasaban factura, pues iba más dormida que despierta. Me sentía tan cansada y la anestesia que tenia del lado derecho de la cara ya se estaba pasando y sentía un poco de dolor. Ya lo que quería era llegar a dormir a mi casa, pero esto tuvo que retrasarse un poco, pero cuando llegué con dolor de cabeza, mareo y rendida.
No sabía que estaba ciega
íbamos en camino cuando empezó a llover muy fuerte, al grado que no veíamos mucho así que nos detuvimos, pero en cuanto se calmó continuamos.
Pasé por algunas farmacias buscando unas gotas que me habían recetado pero sin suerte porque no tenían y la única farmacia que las había localizado era en una sucursal muy lejos, así que opté por ir primero al doctor y después por las gotas.
Al poco tiempo de llegar me pasaron a consulta y me quitaron el parche. Le comenté que me dolía pero me dijeron que era normal.
Cuando me quitaron el parche del ojo y lo abrí, fue como si literalmente hubieran quitado una venda de mis ojos.
Yo no sabía que tan ciega estaba, hasta ese momento. De verdad, ahora si puedo decir que si, estaba ciega y no veía nada pues de pronto todo era claro, los colores se veían mejor, las cosas se veían mejor.
Me hicieron la prueba para ver si podía leer, pero la luz me dolía un poco, aun así alcancé a leer las letras más pequeñas y me dijo el asistente, que por cierto estaba más feliz que yo, que era un gran logro porque no veía las letras más grandes a esa distancia.
Entonces al salir y sentarme a esperar al doctor me di cuenta que mis uñas estaban sucias, y según yo las había limpiado. Las uñas de mis pies ya se veían feas y también yo había creído que estaban bien pintadas. Cuando me vi en el espejo noté mis canas, más pecas y algunas líneas de expresión que yo no había visto. Quedé horrorizada. La verdad.
Ya en la consulta me habló de la complejidad de mi caso, pues la catarata que traía era una “catarata subcapsular posterior” y estaba detrás del iris por lo que mi ojo no se veía blanco, pero que ya estaba casi en su totalidad. Dijo además que si había batallado un poco al quitarla porque, debido a que estaba escondida resultaba complicado retirarla, pero que aun así pudo hacerlo.
También me dijo que todo estaba bien, que durante una semana me cuidara y que volviera después para ver los avances.
Al llegar a mi casa, ese día en la noche, mi horror creció porque según yo mi casa estaba limpia (JAJAJAJAJAJAJAJA) y no, no era como yo creía, y tampoco podía ponerme a limpiar porque, me dolía la cabeza y no debía hacer esfuerzos. Así que me tuve que esperar.
Por supuesto empecé a ponerme mascarillas, cremas y todo lo que pude para limpiar mi cara, me pinté el pelo y pues, traté de arreglar mis desperfectos… En serio, creo que lo necesitaba.
Pero en este tiempo en el que descubrí que tan ciega estaba recuerdo todas esas veces que me dijeron: te vi y no me saludaste, que no distinguía mis pies, que tenía que agrandar la letra en la computadora hasta el 20, y estar pegada al monitor. Incluso llegué a conducir alguna vez.
Y nadie se había dado cuenta de que estaba ciega, porque yo creía que miraba, o sea, dentro de lo que cabe yo veía. O eso pensaba, por eso seguía actuando y haciendo todo como siempre, nunca dejé de trabajar, días previos a la cirugía cubrí un evento, anduve de noche, me transportaba en pecera, pese a que la luz del sol me cegaba, y también anduve de noche.
Yo creo que cualquiera en mi lugar hubiera actuado diferente.
Pero esto no termina aquí, ahora falta el ojo izquierdo, pero el caso ha dado un giro. No sé si será con el mismo médico o con otro. Pero lo que si sé, de lo que si estoy muy segura, es de que voy a recuperar mi vista.






