Mi primera vez en la Ciudad de México
No fue difícil encontrar nuestras maletas, pero si tuvimos que esperar porque había muchísima gente que venía de Cancún y otras partes paradisiacas y esto porque era el último viernes de las vacaciones, esas dos semanas que te dan en cuaresma.
En fin, ahora venía lo bueno, conseguir un taxi que nos llevara a la colonia Roma, en donde nos hospedaríamos.
Realmente pensé que sería más complicado, pero no, nos subimos las 5 con nuestras enormes maletas a la camioneta que fungía como taxi mientras recorríamos la ciudad.
Al ver como en varias ocasiones teníamos al metro bus de frente, en mi inocencia o ignorancia le pregunté al chofer: ¿Por qué esos camiones de meten en contra si ve que usted va? Claro que me respondió que el metrobus iba bien, él era el que estaba invadiendo carril, y es que según argumentó: ”no hay una manera más rápida de llegar”.
Después de ahí ya no hice comentario alguno y tampoco fue extraño ver como el taxista cortaba camino rebasando y metiéndose en contra en el carril especial para el metrobus.
Por fin llegamos, nos instalamos y nos preparamos para recorrer la ciudad en el medio día que nos quedaba.
La primera parada fue buscar un lugar donde comer, porque sólo habíamos almorzado y ya pasaban de las 5 de la tarde, así que fue una idea genial.
Llegamos a una taquería cercana al hotel, en donde si, estaba muy rico pero no contábamos con que nos servirías muy basta mente, es decir, mucho.
Por supuesto apenas comí dos tacos y lo que quedó lo guardé para más tarde.
Decidimos ir a visitar el periódico El Universal, pero no pudimos entrar (jajajajajajaja) así que por eso solo tomé fotos desde afuera.
De ahí nos fuimos a una placita cercana, que está justo frente al hotel Hilton, ahí vimos muchas cosas y tuve la oportunidad de probar los benditos esquites, si, con epazote, limón y chile demasiado acido.. No, no me gustaron y amo el elote.
Tocal que empezó a llover pero eso no impidió que termináramos nuestro recorrido, estábamos cerca del Monumento a la Revolución y obviamente, yo quería mi foto. Caminamos un poco y logramos hacer unas fotos padres, de ahí seguimos caminando porque según estábamos cerca de nuestro hotel y no era verdad, nos perdimos y tuvimos que tomar un taxi porque ya estaba oscuro.
Al día siguiente iniciaba un nuevo día y había que ver muchas cosas y sólo teníamos un día para poder aprovecharlo al máximo, así que debiamos descansar.
Segundo día.
Me desperté con el sonido de la bocina que decía: se compran colchones, tambores, refrigeradoras, estufas o algo de fierro viejo que venda… Si, yo pensé que era un mito, o meme, pero no, es real. Le dije a mi amiga: ¡Güey, esto es real! Claro que cuando me di cuenta y quise grabar, ya no se escuchaba.
Iniciamos el recorrido con un buen almuerzo, el cual tomamos en un restaurante de la plaza comercial Delta, muy nice, por cierto y que ofrecía unos antojitos de lo más delicioso.
Debo decir que esos chilaquiles que pedí, además de estar súper bien servidos estuvieron riquísimos, con ese ligero sabor a anís y la crema acida que le dio ese toque de sabor.
El chocolate ¡Uff! ¿Qué les puedo decir¿ ¡Buenísimo! Al igual que el café lechero y el pancita dulce. ¡Perdón! Pero soy una gorda que le gusta comer y la comida mexicana es mi favorita, como buena mexicana que soy.
De ahí nos fuimos al Zócalo, una belleza arquitectónica que me pudo encantar. Obvio me tomé mi fotito con el edificio a mi espalda y nuestra Bandera tricolor, muy bonito todo.
Por supuesto entré a la catedral para ver de cerca y sentir lo bonito de ese ambiente. Debo decir que es hermosa.
Salimos y seguimos nuestro camino. Había unos chamanes haciendo limpias y cosas con inciensos de copal, porque si, reconozco el aroma del copal. Mucha gente acudiendo a ellos para cualquier trabajito, a mi el olor me mareó un poco, así que seguimos nuestro camino.
No puedo decir que me sorprendió ver la cantidad de gente que había un sábado al medio día en ese lugar, pero si lo barato que venden las cosas y que puedes encontrar básicamente de todo, desde ropa, bolsas, comida, accesorios, maquillaje, entre muchas otras cosas.
Aprovechamos para ver, pero no compramos nada porque como aun teníamos que viajar no nos convenía llenar nuestra maleta antes de tiempo.
Fue por eso que buscamos otro lugar para visitar y el Palacio Nacional, (en donde dicen debía estar el presidente, pero no lo vimos) estaba abierto recibiendo personas de manera gratuita, entonces, entramos.
La verdad, me encantó. Y es que parece que soy un poco fan de esa arquitectura antigua y bonita que tiene México.
Lo primero que vi fue el jardín en donde había magueyes, árboles y cactus que se veían bastante viejos. Me tomé algunas fotos ahí porque realmente el lugar es hermoso. Claro que nadie hace caso a los letreros que dice que no los maltraten porque nunca falta el naco que pone su nombre. En fin.
Desde que entras al museo se siente una vibra rara, es decir, imaginen cuantas personas han pasado por ahí, toda la historia que tiene que contar cada objeto que ahí se encuentra, desde la vajilla que utilizaban los presidentes como Benito Juárez, Porfirio Diaz, Pancho Villa quienes también tienen sus sillas, su uniforme, algunas maquinas antiguas que utilizaban los contadores y hasta vestidos usados en la épica del virreinato.
Pero hubo una prenda en especial que al verla me transmitió mucha tristeza, y díganme loca, pero realmente me sentí triste al verla, hasta que me detuve a leer, era el ropón con el que Porfirio Díaz había bautizado a sus dos primeros hijos con su primera esposa Delfina, ambos bebés murieron después de recibir el sacramento, y su esposa al poco tiempo de que su hijo menor naciera, pues hubo complicaciones. Entonces toda esa triste energía, la sentí. Aunque el ropón es hermoso.
Seguimos por nuestro recorrido por el Palacio, debo decir que me gustó mucho, y me faltó seguir viendo.
Seguimos nuestro camino, en el que vimos mucho talento callejero, desde los chicos tenores que cantaban, hasta los rokeros, los que dibujaban y los que te tomaban la foto chusca, todos ellos mostrando su talento a cambio de unas monedas.
Ya hacía hambre así que nos fuimos al Salón Corona, el cual debo decir estaba lleno a tope, por lo que el servicio fue más lento, pero la comida muy rica, al menos mis tostadas de camarón lo eran y mi tarito de cerveza bien fría, justo para el calor que hizo ese día.
Después seguimos caminado y pude ver la famosa Torre Latinoamericana y lo que más esperaba, Bellas Artes. Tengo que dejar claro que este edificio es de los más hermosos que he visto, y miren que en Buenos Aires hay un teatro muy antiguo y en Uruguay otro, pero Bellas artes, tiene magia. O al menos eso me pareció.
No soy arquitecto ni sé mucho de construcciones, sin embargo sé apreciar sus hermosos acabados, realmente es un edificio con acabados muy bonitos y detalles que lo hacen lucir tan majestuoso. Me encanta.
Por supuesto yo quería mi foto y tomé muchas para conseguir una mas o menos bien, y es que había demasiada gente, lo cual me dicen es normal, pero yo de rancho, quiero todo vacío para una buena foto.
Seguimos caminado y que nos topamos el famoso Barrio Chino, el cual no sabía que pasaban coches y casi me atropellan por andar sacándome una foto, (jajaja).
Aquí tengo que decirlo, encuentras también de todo y barato, pero como buena reynosense, son cosas que puedo conseguir en las tiendas de los chinos de Hidalgo, Texas a precios aun más bajos, así que sólo me dediqué a mirar. Y claro, tomárme fotos.
Seguimos nuestro camino y llegamos a la placita que ya habíamos visitado un día antes y entonces si, me compré un esquite. Si, en donde el maíz es frito con epazote y aunque ya me han dicho siempre que los elotes de Reynosa saben diferente a los de otras partes, no me gustó el hecho de que pusieran demasiado limón porque no lo pude saborear tan bien.
Mis compañeras compraron tamales, que para ser honesta, los más buenos eran los de dulce, porque los otros no me gustaron y no es que buscara el sabor que encuentro aquí en mi rancho, pero se me hicieron demasiado secos. Las crepas, por otro lado, si estaban deliciosas, hay que decirlo y baratas.
Claro que se nos oscureció, así que decidimos regresar al hotel, en donde cerquita había una churrería, que no recuerdo el nombre pero estaba tan delicioso con su salsita de leche condensada, me comí como dos.
Más tarde visitamos un casino en donde descubrimos que el billete que nos había dado de cambio el taxista, era falso. Jamás había visto un billete de 200 pesos falso, o de cualquier denominación. La chica lo rompió en nuestras caras y dijo que era eso o tener que llamar a la policía, claro que era mejor des habilitar ese billete. No ganamos nada, pero si nos entretuvimos viendo como los demás ganaban.
Como ya era tarde y al día siguiente teníamos que prepararnos para continuar el viaje, nos fuimos a dormir, que no, no nos dormimos temprano, pero aun así la charla se puso interesante.
Día tres.
A la mañana siguiente teníamos que partir, a las 10 de la mañana pasaría el taxi para llevarnos al aeropuerto, así que madrugamos y antes de la hora fijada ya estábamos en el lobby con nuestras maletas esperando que fueran por nosotras.
Nunca imaginé que el aeropuerto de la Ciudad de México fuera tan grande, nuestra sala era la 37, así que tuvimos que recorrer casi todo el lugar, pero antes habría que almorzar porque ya hacía hambre y no sabíamos hasta que hora comeríamos otra vez.
Mi amiga y yo teníamos como primer escala Houston, Texas, mientras que mis otras amigas pasarían por Lima, Chile y Perú, así que después de desayunar nos fuimos a nuestra sala internacional en donde ves de todo.
Había rabinos, gringos, europeos, árabes y realmente de todo. Eso si, la comida, la bebida, los recuerditos y las botanas son carísimas así que nos limitamos a comprar pocas cosas.
Llegó la hora de abordar, la neta estaba súper nerviosa porque después de mi primera experiencia en el avión, estaba un poco con el miedo, pero ni modo, el viaje apenas estaba empezando.
Después de unas horas de espera llamaron para nuestro vuelo y abordamos, nuevamente me tocó ventanilla, pero esta vez la cerré, no quería ver hacia afuera porque la neta tenía miedito.
Y se llegó nuevamente el momento de alzar el vuelo, ahora con un nuevo destino para continuar la aventura…
Esta historia continuará… jajajajajaja… Perdón, es que si es largo de contar y yo soy bien rollera. Aun así tengo que decir que me estoy limitando bastante para hacerlo más corto. Esperen en estos días la tercera parte.




