Una nueva forma de ver la vida
Uff, después de meses he vuelto con una nueva entrada, un nuevo tema y una nueva experiencia, la cual aún estoy viviendo, pero pronto cambiará haciendo que esto quede en las historias que les contaré a mis hijos y si Dios me lo permite, a mis nietos.
Como saben, seré sometida a una cirugía en ambos ojos debido a que tengo cataratas. Un padecimiento que jamás pensé tener a mi edad.
Y literal, tengo semanas intentando escribir sobre mi experiencia sobre lo que está ocurriendo en mi vista, pero la inspiración no había llegado. De hecho no sé como empezar, así que creo que lo haré desde el principio.
Y así inicia.
Pues todo comenzó hace dos años, cuando cumplí 35 cuando al dormir notaba que mi vista se hacía borrosa cuando leía, pero yo culpaba al desmaquillarte que usaba. Lo raro es que, después de desmaquillarme siempre le lavo bien la cara para que no queden residuos.
Pero fue en mi ida a la Isla del Padre, al año siguiente cuando noté que algo andaba mal conmigo por que con el ojo derecho no enfocaba bien a la hora de tomar fotos en la playa.
Además notaba que el sol me encandilaba cada vez más y eso no era normal.
Mi síntoma era que al ver solo con el ojo derecho había como una mancha cubriendo una parte de mi visión. Así como cuando empañas los lentes y solo te permiten ver claro por una parte. De esa manera.
Busqué en internet, claro que los resultados hablaban de cataratas en los ojos las cuales les daban a personas después de los 50 años y mostraban una vista un poco nublada.
Otra opción era un desprendimiento de retina pero los síntomas eran muy doloros y yo no tenía nada de eso, solo dolor de cabeza en algún momento.
También mencionaban que la diabetes, la hipertensión o el estrés podían ocasionar falta de visión en algunas personas, pero yo no soy diabética ni hipertensa, así que la única era estrés. Y es que en ese tiempo había pasado por momentos sumamente estresantes.
Claro que dejé de hacerme tonta y visité un oftalmólogo pues google no siempre tiene la respuesta.
Durante la consulta, todos los exámenes, desde ver las letras más lejos, desde la lectura de los ojos, todo lo que me pusieron salir bien. Incluso me dijo el oftalmologo: “Nada más porque tú me estás diciendo que ves borroso, porque tu vista es perfecta”.
El diagnostico era cansansio y estrés, la recomendacón era descansar. Así que me tomé unos días, por supuesto después de pedirlos en el trabajo.
Pues no, nada cambió, todo siguió igual. Mi visión era la misma, pero solo del lado derecho. Ahí mi vista seguía siendo borrosa todo el tiempo y en las noches no podía leer bien, pues toda mi visión era más borrosa.
No me quedé con esa sola opinión y acudí a dos más que me dijeron exactamente lo mismo.
Me resigné pensando que quizás era cansancio, lo normal después de que cumples los 36 así que lo dejé pasar.
También se me dificultaba ver de noche al manejar, tomar bien fotografías y realizar bien mi trabajo, porque si a la hora de escribir tenía que ampliar más las letras para leer mejor.
Un día, nadamos de puros puntos me medí unos lentes en Home Deppot de esos de los que venden ya graduados con 1.00, 1.25, 1,50 y así, bueno, me probé los de 1.00.
Fue ahí donde me di cuenta lo mal que estaba mi visión, así que los compré y decidí usarlos, pero solo para leer o escribir.
Y ahí estaba yo con problemas visuales y usando lentes a mis 36 años. Debo decir que esto lo veía ya como algo normal, después de todo eso pasa con la edad, ¿no?
Se hizo más intenso.
En marzo de este año mientras leía un poco en mi celular me di cuenta de que me costaba ver las letras. Es decir, era como si tuviera un velo muy cerrado frente a mis ojos.
Pero no fue hasta que conduje hacia un evento cuando un carro se me metió a la brava y casi me pega, porque literalmente no lo vi. Es decir, salió de una calle si fijarse y yo debía frenar, después de todos la prudencia debía caber en alguien. Así que me asusté. Tallé mis ojos y continué.
Otro día, andaba en McAllen, manejando de noche y tenía dificultades para ver, y eso que llevaba lentes puestos.
Las cosas no podían seguir así, entonces busqué un oftalmólogo al día siguiente en la mañana y me dieron cita para medio día y fui.
El doctor era joven, si a caso unos pocos años menor que yo o quizás de mi edad, total que me hizo preguntas de rutina, como mi edad y le comenté que 36, que no, no era diabética ni hipertensa pero que tenía problemas para ver. Y que no, yo jamás, nunca había tenido dificultades visuales, que incluso me habian dicho que tenía una visión perfecta.
Me hizo los exámenes regulares, ya saben adivinar las letras, que tanto ahumento necesito para una graduación e increiblemente, salieron bien.
Fue entonces que me dijo dilataría la pupila, cosa que ningún otro hizo.
Pues me puso unas gotitas que ardieron pa’ la vida y esperé 20 minutos. Después de ese tiempo me llamó nuevamente y me revisó más afondo los ojos.“Tienes cataratas en el ojo derecho, y está muy avanzado, su nivel es un 4, ya está lista para retirar”.
Claro que no me dio tiempo para pensar mucho porque en eso revisó mi otro ojo y dijo: “Si, también ha catarata en el ojo izquierdo pero es más pequeña, mide un 2, esta puede esperar un poco más”.
No sabía que decir o que pensar, por fin ya tenía un diagnóstico claro y una solución al mismo.
El doctor me explicó que eso se retiraba con cirugía láser la cual el realizaba y era su especialidad. El costo era de 20 mil pesos un lente normal y 40 mil pesos el trifocal, que para mi edad era el más recomendable.
Después me preguntó: “¿En serio tienes 36 años?” y le respondí que si, que cumplía los 37 en julio, pero que aun faltaban unos meses.
Se quedó pensando y después me ve y dice: “Es que estás muy joven para tener este tipo de problema visual” y pues, si, según google decía que debería ser mayor, por eso no le presté atención.
Me dejó ir pero con la promesa de que juntaría dinero para operarme.
Un diagnostico claro, un panorama no tanto.
Pues ya tenía un diagnostico pero no sabía si la cirugía sería pronto, lo que si tenia muy claro es que no podía pagar las cantidades que me dijo, pues como saben el sueldo de un reportero en mi ciudad no es el más generoso.
Per en ese momento aunque no tenía un gran sueldo si tenía mucho trabajo y cosas que hacer, así que no tuve el tiempo de encerrarme en casa a llorar y deprimirme porque no podía pagar esa cantidad.
Busqué opciones más económicas, pero aunque fui a tres campañas el precio no estaba a mi alcance, lo más barato eran 20 y aun seguía yo sin esa cantidad.
No sabía que hacer, a quien acudir o como hacerle.
Pedí prestamos, incluso en mi trabajo pero no eran posibles de momento y yo no podía esperar mucho porque me daba cuenta que el problema iba avanzando.
La mejor opción era una campaña que hace el DIF de mi ciudad, así que una amiga me llamó para comentarme que fuera así que acudí rapidamente, me pusieron en la lista. Me dijeron además que esperara por que en mayo iniciaban con la campaña y vendrían de un hospital de Montemoselos para hacer las pruebas para que a principios de junio nos fuéramos a Monterrey a cirugía.
Todo parecía ir bien hasta que a principios de abril se empezó a hablar mucho sobre el COVID19 y una posible pandemia que nos estaba alcanzando.
En pausa.
Cada vez eran mas los casos que se mencionaban cerca de nuestra ciudad. Fase 1 y Fase 2, los lugares empezaron a cerrar, las actividades se suspendieron y todos entramos en un pánico terrible.
Daba miedo salir a la calle o que alguien respirara cerca de ti. Para mi que viajo en camión era doble el miedo, pues temía no sólo por mi, sino por mi familia.
Pero lo peor es que todo esto vino a suspender mis planes para la cirugía, pues en el DIF me dijeron que de momento no se realizarían y que me avisaban cuando esto sucediera.
También me mandaron a casa, por lo menos ya podía tener la seguridad de estar a salvo sin salir, pero si seguía trabajando.
Cada vez se me dificultaba más ver en la pantalla cualquier cosa. Las letras tenían que seguir aumentando de tamaño y hasta la graduación de los lentes,
Sé que muchos no me creían cuando les decía que no veía bien, porque yo estaba como si nada.
Caminaba por la calle como siempre, eso si, usando lentes oscuros para que el reflejo del sol no me cegara tanto.
Incluso aun con la pupila dilatada en varias ocasiones viajé sola en camión hacia mi casa.
No diré que fue fácil, porque no lo fue, pero ¿qué más podía hacer? No podía manejar y tampoco tenía carro. Depender de las personas no siempre está bien, además la gente no está a mi disposición, así que solo me tocaba segur. Claro, mis hermanas cuando podían echarme la mano lo hacían y lo agradecí mucho, pero no siempre se puede.
Nueva experiencia.
Y nunca entiendes nada hasta que lo vives y es que me resultaba tan frustrante no poder ver, no de la manera en la que estaba acostumbrada.
Las actividades cotidianas las seguía haciendo, con un poco más de cuidado, pero en serio, nunca van a entender lo frustrante que es no poder ver hasta que lo vives, o el coraje que de da meter tus pies en un charco solo porque no alcanzaste a verlo. Porque sí, no podía ver mis pies y no por gorda, sino porque simplemente desde mi 1.71 de estatura no podía ver hacia abajo.
Tampoco podía ver claro a un metro de distancia.
La única manera que encontraba para ver bien, era usando lentes oscuros, ya que estos hacían que el sol no reflejara tanto y mi visión era un poco mejor, así que los lentes oscuros se volvieron un básico para mi, al igual que los lentes de aumento.Los dolores de cabeza que me daban en la noche eran prueba de lo mucho que había forzado mi vista, pero no, tampoco lo decía.
Sin embargo seguía haciendo mi trabajo y cumpliendo con él, después de todo de eso vivo.
Y hasta aquí esta primera parte de mi experiencia, prometo seguir mañana con más.







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