Hola, una vez más estoy aquí escribiendo otra de mis Viriaventuras. En esta ocasión les tengo una experiencia que viví hace ya algunos años.
Así que para los que no me creen, bueno siéntase en la libertad de no hacerlo, cada uno tenemos nuestro libre albedrío que nos hace creer o no lo que queremos.
Lo que voy a contar a continuación es algo que me estuvo pasando por algún tiempo, no inventaré nada, solo contaré lo que recuerdo y como lo vivo.
No es secreto para las personas que me conocen que desde que soy chica me ha tocado sentir y ver cosas que no todos lo hacen, incluso llegué a pensar que a todos nos pasaba, por que para mi es de lo más normal e incluso conozco a amigos cercanos a mi que también les ha pasado alguna situación similar. En fin, espero que estén listos.
La mujer en la silla.
Un día fuimos a casa de una tía y mi tío que es albañil mencionó que en la casa donde estaba trabajando habían despechado algunos muebles viejos muy bonitos, pero que a él le regalaron una silla que a él le gustó mucho.
Era estilo antiguo, no sé si del tipo victoriana pero algo parecida. Muy bonita, de hecho, con reposabrazos, con un diseño en donde tenía vistas doradas y el respaldo y la silla estaban tapizadas con terciopelo en color verde ocre y lineas doradas.
A mi mamá por supuesto le encantó, porque ama el color verde en cualquier tonalidad y le pidió que se la regalara. Claro que mi tío al principio no quería pero después de varios días le dijo que si, porque no sabía donde ponerla.
Mi mamá tampoco tenía donde ponerla, pero ella la quería. Es que es acumuladora, entonces la quería.
Un domingo, lo recuerdo porque era cuando hacíamos carnita asada en familia y los invitamos, así que llegaron mi tía y mi tío trayendo con ellos esa silla.
Mi mamá la puso en la sala, casi frente a la televisión, al lado del sofá más grande, para que no estorbara.
La tarde pasó sin pena ni gloria, cenamos rico, platicamos, cafecito y ya como a eso de las 10 de la noche se fueron.
Una vez que ya no estaban empecé a recoger la cocina, mientras mis hermanas estaban en sus cosas y mi mamá se fue a encerrar a su cuarto.
Total que me quedé sola en la cocina, una vez que terminé fui a apagar la tele.
Antes de seguir les describiré un poco como es la composición del lugar; La cocina y la sala están conectadas de alguna manera, hay una especie de ventana grande que permite ver toda la sala y la puerta por donde entras.
El foco de la sala estaba apagado y la puerta principal cerrada, así que solo era cuestión de apagar la tele y el foco de la cocina para irme a mi cuarto.
Eso hice, solo que al ir a apagar la tele, la cual daba un poco de luz además de la que el foco de la cocina ofrecía.
Mientras caminaba hacia donde estaba la televisión, que era en frente del sillón grande y tenía que atravesar media sala para poder llegar a ella, pude ver por el rabillo del ojo derecho como en la silla que le habían dado a mi mamá, había una mujer sentada. Suena demasiado cliché, lo sé, pero se parecía un poco a la niña del aro, pero al mismo tiempo era más elegante. No sé como explicarlo.
Cuando salí al patio de atrás, mi hermana la más chica, que en ese momento estaba tendiendo su uniforme de el día siguiente que acababa de lavar, me vio y me dijo: “¿qué tienes? ¿estás sin color?” Yo recuerdo voltear a verla, temblando aún de miedo y le dije: “Tenemos que sacar esa silla”.
Ella no sabía bien de lo que le estaba hablando y dijo:
“¿qué?”- Entonces le dije otra vez: “La silla, tenemos que sacarla”.
Se me quedó viendo un rato y me dijo: “¿qué viste?” Entonces le expliqué, y ella al final estaba más asustada que yo y gritó, provocando que mi mamá y mi otra hermana salieran a ver que pasaba, entonces fue mi hermana la más chica: “¡Má, tenemos que sacar esa silla. Quémela, o algo, que no esté aquí!”.
Mi mamá le dijo: “no seas ridícula, a mi me gusta”. Entonces le dije lo que había pasado, pero no me creía. Y yo le explicaba que debería de sacarla y no volver a aceptar cosas así porque las cosas viejas siempre guardan mucha energía y no sabemos quienes la tenían.
Mi mamá terminó cediendo y sacó la silla, pero no la tiró, la dejó en el cuarto que está al lado de la casa. Se supone que es una casa abandonada y ahí dormía “Perrito” un perro que teníamos en ese tiempo.
La puso volteada de manera que nadie pudiera sentarse. Creo que no fue suficiente, por que todas las noches Perrito le ladraba mucho.
A la fecha creo que esa silla sigue donde mismo, más desgastada y rota, pero mi mamá no la quiere tirar.
En un sueño aterrador.
Pero una noche soñé tan feo, que me desperté muy asustada a mitad de la noche y me costó volver a conciliar el sueño.
En mi sueño yo iba caminando en la noche rumbo a casa de mis papás, en donde vivía en ese tiempo. Cuando yo era niña, en la casa de casi en frente de las de mis papás, los vecinos vendían elotes, por lo que tenían un cuarto que siempre estaba abierto cuando el señor se estaba preparando para irlos a vender, pero que desde hace algún tiempo permanece cerrada debido a que una de sus hijas sufre de esquizofrenia y se les escapaba.
En fin en mi sueño yo iba caminando por la calle oscura en donde no había mucha luz, entonces podía ver como en ese cuarto, que ahora está pintado de verde, tenía la puerta abierta; solo que esta vez en el interior no se veía a Don Andrés pelando elotes, sino a una mujer, de vestido blanco, un poco sucio y desgastado. El cabello oscuro muy largo y despeinado. Hicimos contacto visual, o amenos eso creo porque no se le veían bien los ojos, al menos no en ese momento. Apresuré el paso y saqué las llaves de la bolsa, cuando volteé ella estaba afuera del cuarto ya, a unos metros de mi. Me agaché rápido para alcanzar las llaves y mientras buscaba la llave de mi casa, escuchaba como me llamaba por mi nombre y me decía que fuera su amiga.
Yo no podía ser lo suficientemente rápida para llegar a la casa, ni encontrar la llave ni meterla para abrir la puerta, porque ella ya estaba mas cerca de mi, entonces cuando por fin la puerta se abrió entré y le cerré la puerta en la cara, pero por la ventana que tenía pude ver como pelaba sus ojos de una manera enorme, se veían como que se querían salir de las cuencas. Sus dientes estaban sucios al igual que sus manos y su piel era demasiado blanca.
Aún lo recuerdo y vuelvo a sentir ese miedo horrible, esa frustración por no ser demasiado rápida y puedo escuchar como golpeaba la puerta gritando para que le abriera y que quería ser mi amiga.
Me desperté llorando por lo vívido que fue, pese a que solo fue un sueño. Después de eso me costó volver a dormir, porque tenía miedo de verla nuevamente en mis sueños. Pero no, no la volví a soñar.
Cosas extrañas.
En el primer frío que hizo viviendo yo aquí, me pasó que sentí como jalaban mi cobija, después que tocaron mi cabeza, bueno más que tocar fue una tipo caricia, pero no le di mucha importancia.
Pero un día, en la madrugada me giré para ponerme boca arriba, lo recuerdo por que estaba despierta, solo que tenía los ojos cerrados. Justo en el momento en que me volteé escuché como una voz muy delgada, de mujer me dijo con mucho entusiasmo: ”¡Hola!”.
Me paralicé y fingí seguir dormida, pero no pude hacerlo otra vez.
También llegué a escuchar como alguien estaba en la parte de arriba, caminando o incluso la tele prendida cuando esta estaba apagada, pero no había nadie, porque yo vivía sola y estaba abajo, ni un perrito tenía.
El tiempo siguió pasando sin alguna novedad, o cosa que fuera como muy notoria.
Cuando me detectaron piedras en la vesícula me programaron para una cirugía, por lo que me tuve que cuidar mucho, pero días antes de la fecha programada escuché claramente como si alguien estuviera en la parte de abajo de mi casa, es decir sala cocina.
Se podía oír claramente que los trastes se movían como si alguien estuviera tratando de cocinar, pasos pesados como de alguien que arrastraba los pies. También como se abría la silla para sentarse.
No, no había nadie conmigo, yo estaba sola porque, vivía sola. Le hubiera hablado a mi hermana que vive al lado de mi casa, pero justo ese día no estaba en la ciudad pues había tenido que viajar debido a su trabajo, así que no sabía a quien decirle.
Lo único que hice fue rezar y tratar de dormir con la tele prendida, pero eso fue imposible. Cerca de las 4 de la mañana todo se detuvo. Pero no pude conciliar el sueño.
Y bueno, tuve que someterme a una cirugía abierta para quitar la vesícula y pues mi recuperación la tuve que hacer en casa de mi mamá ya que como no fue laparoscopía moverme me era un poco difícil.
Así que una noche ya en mi casa y tres meses después estaba emocionada porque ya podía dormir boca abajo sin que me doliera.
En la madrugada mientras dormía escuche una voz de mujer que me decía: “Viridiana, ya levántate“ y yo pues tenía mucho sueño y no podía abrir los ojos así que ignoré esa voz. Además se veía como que mucha luz de día, es decir como si fuera pleno medio día y las ventanas no tuvieran cortinas, pero no era una luz cegadora o que lastimara los ojos.
Si, pude sentir como unos dedos fríos y delgados me tocaban el cuello. Me paralicé, pero en ningún momento abrí los ojos o me moví. Dejé que pasara el tiempo y al poco rato abrí los ojos.
Estaba oscuro, al ver la hora me di cuenta que apenas pasaban las tres de la mañana. Prendí la tele y no pude volver a dormir.
Realmente no sé si fue un sueño, pero pude sentir esa mano en mi cuello y la luz en mis ojos, además de escuchar la voz muy clara de una mujer que me estaba hablando.
Pero si pensaron que eso era aterrador, lo siguiente les dará escalofríos. Y es que después, no sé cuanto tiempo pero me pasó algo que me asustó más que lo anterior, casi, casi como cuando vi a esa mujer en la silla.
Nuevamente otra noche me fui a dormir de manera normal, como cada noche. Apagué la televisión y eso. Creo que esa vez estaba cansada por el trabajo, recuerdo que había sido un día duro.
Total que en la madrugada sentí como cuando Laila, la perrita que mi hermana tiene, se hubiera parado en dos patas en mi cama justo al lado de mis pies. Yo estaba boca arriba y pude sentirlo. Eso no fue lo raro, sino sentí como caminó hacia mi cabecera y pensé: “Ay Laililita”, pero después recordé que Laila no dormía en mi casa. Que en realidad, estaba sola.
Entonces sentí como mi cama se movió, bueno, mas bien como la movieron y una voz de mujer, muy molesta me decía: “Ándale, levántate y vámonos”. Esto mientras mi cama era sacudida. Yo no me moví, en realidad no sabía que hacer. Y la voz insistía: “Sé que estás despierta, vámonos”.
No me moví y empecé a rezar, pero no podía, es decir, no recordaba el Padre Nuestro o el Ave María, y me trababa.
La voz se rió, pero una carcajada muy fuerte y me decía: “Sé que estas despierta porque puedo oír lo que estás pensando”. Continué tratando de rezar, pero no lograba hilar las palabras, entonces, ella dijo: “Ay si, Padre nuestro. Eso no te va a servir de nada”.Me puse muy nerviosa y sabía que mis ojos se estaban moviendo, pero no los abrí y seguí tratando de rezar, pero entonces ella empezó a seguir conmigo el rezo nuevamente y soltó una sonora carcajada y después dijo: ”Vamos, levántate, yo sé que tu fuiste”, entonces de pronto llegó a mi mente la imagen de dos niñas en un bus escolar, muertas y bañadas en sangre. Yo quería llorar, tenía muchísimo miedo y seguía tratando de rezar, pero la voz insistía: “Tú nos mataste, tu fuiste”. Realmente hasta este punto estaba muy, muy asustada por que además en todo este proceso mi cama se seguía moviendo, pero era como cuando te mueve la cama tu mamá para que te levantes o tus hermanos, así. De hecho hasta yo me movía, pero nunca abrí los ojos.
Estaba como en ese mismo estado en el que estuve durante la regresión que tuve hace poco, es decir no estaba dormida, pero tampoco estaba al 100 por ciento despierta. En estado Teta. Ahora lo sé.
Yo yo le explicaba a lo que fuera que me estaba hablando que no sabía lo que me decía, porque realmente no entendía nada y al mismo tiempo trataba de seguir rezando.
Hasta que de pronto, todo paró. La cama se dejó de mover, ya no se sentía la presencia de nadie a mi lado y tampoco la se escuchó la voz.
No mentiré, me moría del miedo. Estaba temblando y tenía muchas ganas de llorar.
Tardé un rato en moverme o abrir los ojos, porque no, después de eso no me fue posible dormir.
Después de un tiempo que yo consideré razonable los abrí, vi la hora y ya eran casi las 4 de la mañana. Después de eso prendí la tele y desde entonces duermo con la tele prendida, ya hace más de tres años.
Realmente no sé si haya sido la mujer que vi aquella noche en esa silla, que todavía está en casa de mi mamá, que me haya seguido o me haya querido decir algo, lo que si sé es que me persiguió por un tiempo y hoy en día ya no la vuelto a sentir, o ver.
Pero si pensaron que las cosas raras han dejado de pasar, pues no. Pero no lo contaré todo en esta ocasión por que no es tan fuerte como lo anterior. Son cosas como a Chleo ladrando detrás de mi a algo que no estaba, o pasos en la escalera, alguien que me habla al oído, entre muchas otras cosas que aunque quiero aprender a vivir con ello, aun no he podido.
Espero que les haya gustado mi historia y de verdad espero no me sigan pasando cosas extrañas.







