viernes, 30 de octubre de 2020

Una nueva forma de ver la vida

 Tercera parte



Pedir ayuda.

Esto esta lo más difícil que he tenido que hacer, sin dudas. 

Me sentía atrapada entre la espada y la pared. 

La realidad es que realmente necesitaba la ayuda, es solo que pedirla no era fácil. No para mi.

Sé que existen muchas personas que viven de eso, de pedir, pedir y pedir.

No es mi caso, me da mucha vergüenza hacerlo, principalmente por que la mayoría de las veces que lo había hecho recibía una respuesta negativa.

O cuando me ayudaban siempre era con una advertencia, con ganas de no hacerlo y eso te hace sentir mal, como que te están haciendo el mayor favor de tu vida.

Sin embargo a esas personas a las que yo les pedía ayuda siempre las ayudé cuando me lo pidieron, sin chistar, sin quejarme y con gusto. Pero claro, no todos pensamos igual.

Entonces eso me hizo hacer las cosas por mi misma, sin pedir nada a nadie. Es decir, hoy en día soy una mujer independiente que vive al día con su sueldo. No hay ingresos extras, solo gastos que solvento por mi misma. 

Si, hay gente que me ha echado la mano muchas veces y de verdad agradecí a cada una de ellas, pero son personas que ofrecen la ayuda sin ningún interés y entonces la aceptas con gusto. 

Pero pedir, eso era muy distinto. Más con mi experiencia.

Tuve una lucha conmigo misma durante un tiempo. Corto, por cierto, pues mis hermanas y la psicóloga solo me dieron unas horas. En mi cabeza estaba la idea de: ”Que pena”, ”En serio he tenido que llegar a esto”, “Soy tan vulnerable”, “Me van a decir que no”, “Me van a correr de mi trabajo”, “Me van a regañar por eso”, y muchos pensamientos negativos más.

En todo este tiempo mis hermanas me decían: “No se trata de debilidad”, “Hay gente que te va ayudar solo porque se trata de ti”, “Sabes que lo necesitas”, “No pasa nada”. “La gente lo hará porque te quiere”, “No estás robando”, “No pierdes nada”, “Se trata de tus ojos. no cualquier cosa” y muchas más cosas.

Al final de día, lo hice. Me costó mucho escribir esa publicación, demasiado, pero lo hice y valió la pena.



Inesperado.

Ese domingo por la noche que redacté desde mi celular el mensaje, con la foto de mi ojo y mi número de cuenta en modo público, cambiaron muchas cosas en mi. 

Ver la respuesta obtenida por parte de esa gente que me conoce por muchos años fue…. Inesperado. 

Realmente nunca pensé que recibiría tantos mensajes de apoyo y cariño, además de alguna aportación a mi cuenta. Eso me conmovió mucho. 

Me demostraba que efectivamente, no estaba sola en esto y que si podían ayudarme, lo harían con gusto.

Hubo mensajes de apoyo, otros me preguntaban qué necesitaba, si estaba bien. De verdad me sentí abrumada y contenta al mismo tiempo.

Entre mis hermanas y yo planeamos hacer actividades como una rifa y una venta de hamburguesas, esto con el fin de seguir recaudando dinero para la cirugía, pero sabíamos que no me iba a operar en el hospital en donde había cotizado, pues el tiempo ya era poco, entonces decidimos juntar y después buscar otra opción, en realidad ya no tenía de otra.

Pero bueno, entre los mensajes que recibí había uno de un club que ofreció su ayuda. El Club Rotario Reynosa Industrial, quienes me comentaron cuentan con una campaña de cataratas apoyados por la Clínica de Oftalmología de Monterrey, la cual está ubicada en el Centro de Reynosa.

Hablé con la presidenta, de todos modos ya no alcanzaba a operarme en el tiempo que me habían dado, no completaba la cantidad que necesitaba.

Así que me dijeron que hiciera una cita en la clínica para una valoración por parte del doctor Juan Obed Díaz Jiménez, y así lo hice.



Un nuevo diagnostico.

Lo más curioso de todo esto es que un día, cuando apenas empezaba a sentir molestias en mi visión, saliendo de la Casa de la Cultura de Reynosa, (en donde había ido para cubrir un evento) vi la clínica y llegué a preguntar cuanto costaba la consulta. Al final no fui ahí, de haberlo hecho las cosas habrían sido diferentes, pero Dios sabe por que hace las cosas.

En fin, ahí estaba yo en espera de mi turno para consultar. Ya la verdad no me sentía nerviosa, solo pensaba: Otra vez mi visión será más borrosa cuando dilaten la pupila., me dirán que tengo catarata y que pues necesito cirugía.

Y pues… si, de alguna manera eso fue lo que me dijo el doctor, solo que en esta ocasión no solo hablaba de una catarata. Me preguntó si en mi familia había personas con catarata, les dije si, mis abuelos y a mis papás apenas les estaba saliendo una en un ojo. Nuevamente me preguntó sobre mi edad. Ya tenía yo 37, recién cumplidos.

Pero además me cuestionó si en mi familia había antecedentes de glaucoma. Eso no me lo habían preguntado antes, de hecho nadie lo mencionó.

Pues resulta que además de tener catarata, tenía el lente intraocular estrecho. Es decir, estaba propensa a un glaucoma. Y es que según me comentó el doctor, son cuatro niveles angulares en las cámaras de los ojos y yo estaba a la mitad, si yo tuviera un grado uno, con la gota que dilata la pupila yo hubiera ocasionado que mi lente se cerrara por completo, me produciría un dolor horrible en el ojo lo que solo les daría 72 horas para actuar, ya que después de eso no habría nada que hacer y perdería el ojo, para siempre.

¿Lo peor? Es genético, así que recordé aquella vez que mi mamá me dijo que no dejara que me pusieran esa gotita, porque fue eso lo que dejó ciega a la mamá de mi papá. En ese momento yo dije: Ay, claro que no fue eso, está exagerando. Pero pues no.

Eso me asustó y honestamente no lo sabía. Pensé en todas esas veces que pusieron gotas en mis ojos para revisar la catarata y que nadie me dijo. Realmente pude haber quedado ciega por glaucoma y no tanto por la catarata.

Afortunadamente tenía arreglo y en cuanto me operara de la catarata se arreglaría ese detalle.

Debo decir que ese oftalmólogo me preguntó mi edad muchas veces ya que tanto la catarata como el glaucoma eran algo que no debió pasarme tan joven.

Salí de ahí con mis esperanzas renovadas y dispuesta a juntar a operarme cuanto antes. Además de las órdenes de hacerme unos estudios tanto de sangre, medida de ojos y el visto bueno de un médico internista.

Encontrar a uno de estos en plena pandemia fue lo difícil, pues no estaban consultando así que me tocó esperar.



En espera.

Mientras pasaban los días yo seguía haciendo actividades para obtener recursos para poder operarme y notaba como cada vez más me costaba ver, la catarata avanzaba rápido, en ambos ojos.

Realmente mucha gente no me creía lo difícil que era para mi salir a la calle y más de día, por que el sol no me deja ver. Así que como dije, los lentes oscuros se volvieron parte de mis artículos de uso diario.

Por supuesto seguía trabajando, de la misma manera que antes, solo que no salía a cubrir eventos, lo cual era bueno pues no me gustaba andar sola en la calle, aunque no me quedara de otra a veces.

Un día de verdad los lentes que usaba ya no me eran suficientes y tuve que optar por otros de una mayor graduación.

Eran incómodos pero funcionales, hasta cierto punto, pues seguía viendo través de un velo denso que apenas me dejaba vislumbrar el panorama.

Ver mis pies, no era posible, así como tampoco ver a medio metro de distancia. Así que los lentes se tenían que quedar.

Lo complicado era cuando tenía que salir, pues se empañaban. Si, era espantoso, pero no había de otra.

Hasta que llegó septiembre, mes en el que algunos médicos pudieron consultar, si, me pareció eterno esperar tanto, pero pues debía ser así, el COVID esta muy intenso y entre menos salieras todo sería mejor.

Así que ya después en este mes hice mi cita y asistí. Ahí me hicieron algunas pruebas, pero antes unos estudios de laboratorio en donde dijeron que yo estaba bien. Las pruebas que me hizo el médico también estaban bien. En pocas palabras yo estaba saludable.





Antes de programarme.

Ya para este punto yo me encontraba feliz, cada paso que daba me acercaba más al día de la cirugía y eso era lo que yo más deseaba.

En mi siguiente cita con el oftalmólogo en donde entregué todos los exámenes, pues vio los resultados y nuevamente me preguntó mi edad, además debo decir que en alguna consulta anterior me preguntó si yo había consumido estrógenos, y como el los resultados no había rastros de ello, me volvió a decir que no se explicaba por qué razón yo tenía este padecimiento, siendo tan joven. La verdad es que nunca lo sabremos, a la fecha seguimos especulando sobre el por qué de esto, pero no tenemos nada claro, solo apareció.

En la consulta donde entregué todos los estudios y la aprobación del médico internista, me dio una carta que debí entregar a grupo que me estaba echando la mano, decía que yo tenía que pagar una diferencia, esta era de 20 mil pesos, por ojo. Una vez que yo tuviera esta cantidad, sería programada.

Cuando me dijo el costo pude sentir como mis ojos se llenaban de lágrimas. No, no tenía esa cantidad. Juntar los 30 mil pesos que restaban me parecía un poco bastante imposible con el sueldo que yo tenía, así que nuevamente hice actividades para poder juntarlo.

Una vez más me sorprendió ver el cariño de todos, pues muchos se sumaron nuevamente a mi causa y pude juntar los 10 que me faltaban para la primera primera operación después de varias semanas, así que ya con dinero en mano fui nuevamente con el doctor para pedir que ya me programen. Y así fue. Me dieron fecha para el 16 de octubre en Monterrey, al medio día.



Continuará….

martes, 13 de octubre de 2020

Una nueva forma de ver la vida. Parte 2-

 

Más opciones. 

Como dije, seguí buscando opciones para una cirugía menos costosa, pues en serio tenia quejuntar mi sueldo de cada semana sin tocar por casi 20 semanas para poder costearlo y pues, tenía que comer y tener luz en casa, entre otros servicios. Es decir, tenía que vivir.                       Y aunque si tuviera un seguro de gastos mayores sería maravilloso, pero solo contaba con el seguro popular, y fui.
La respuesta fue: Hazte estos estudios de sangre para actualizar tus datos, el oftalmólogo está muy ocupado y no, no hacemos cirugías de cataratas… Ah y la cita para valoración es en octubre y si quieres venir a seguimiento te aconsejo que vengas a una próxima cita.
Debo decir que hice la cita para los laboratorios y para la consulta, ambas fueron en mayo y aún estábamos en marzo. Y pensé: “Si ahorita estoy batallando para ver, supongo que en octubre estaré peor”. Así que lo dejé pasar y busqué más opciones. 
Me comentaron que fuer a la clínica La Carlota, de aquí de Reynosa, después de todo era lo mismo que me harían en el DIF.
De hecho, me pasaron el numero de teléfono del director, para hablar con él y me diera un espacio para poder acelerar el procedimiento.
Como no le dije que trabajaba en medios de comunicación, porque hasta eso, fui como cualquier ciudadana de Reynosa, pues me trató de manera arrogante y me dijo que no, no me podían atender.
Lo entendí, pues no estaban en campaña. Debo decir que previo a eso estuve tratando de comunicarme solo para pedir información, que incluso era lo que le solicitaba al personaje anterior, pero no, no tuve suerte.
Esperé y al poco otras amigas me comentaron de otro lugar que también hacía campañas para cirugías de catarata a bajo costo y lo mejor es que estarían pronto en Reynosa, así que mandé mensaje e hice cita.

Al llegar vi que había muchísima gente a la que habían citado a la misma hora que a mi y que aun no le tomaban los datos.
Después de dos horas me atendieron, me cobraron la consulta y me mandaron a sentar. Una hora después me pasaron con el primer filtro en donde me hicieron las mismas pruebas de ver las letras a lo lejos, y nuevamente me dilataron la pupila y a esperar.
Otra hora más tarde me pasan con el especialista que me dice: “Pues tienes cataratas en ambos ojos, el derecho es más avanzado. ¿Qué edad tienes?”
Nuevamente respondí que 36 y solo vi la manera en la que me veía… Como si no me creyera. Pero en fin, me mandó con el hombre que me daría el presupuesto.
Supe que no sería barato cuando a un señor unos lentes graduados le iban a costar casi 2 mil pesos y le estaba pidiendo la mitad en ese momento.
Y así fue, solamente la cirugía de un ojo tenía un costo de 15 mil pesos, además de los estudios y el transporte, daban más de 20.
Le dije gracias y me tomó la mano para decirme que si no daba una parte no se me respetaría el precio, le agradecí y le dije que de momento no podía pagar. Entonces me dijo que tenia esa semana para poder apartar el espacio
Me pareció un poco desesperado, así que no me dio buena espina y me fui, bueno, me salí y esperé a que mi hermana fuera por mi porque en serio no podía ver nada.
Y es que esa es otra, cuando te dilatan la pupila no puedes ver mas que manchas. Leer en el celular es una tarea imposible, yo tenia que adivinar y mandar audio. Para leer el mensaje sacar un screen y ampliar a lo mas grande para mas o menos descifrar el mensaje.
Pero tampoco me creían. Está bien, no diré nada más, tengo la culpa por hacerlo parecer fácil.
Total que con mi decepción me fui a casa ya pasando de las 7:00 de la tarde sabiendo que perdí 200 pesos y mi tiempo.

 


Un trabajo más difícil.

Como saben soy reportera de sociales, mi trabajo consiste básicamente en la cobertura de eventos y entrevistas. En ambas yo tomaba fotos y datos en una libreta, entonces en cuarentena no había necesidad de hacer esto pues las actividades en grupo fueron suspendidas.
Asi que desde casa estaba trabajando, por supuesto ya no tenía que salir a tomar fotos o cubrir algún evento.
Debo confesar que hacer mi trabajo me costaba mucho, porque debo tomar nombres de las personas a las que les tomo foto y la verdad se me dificultaba ver mi letra en la libreta. Pero nuevamente, no, no lo demostraba.
Eso si, mis fotos salían más borrosas y es que, me costaba enfocar con el ojo izquierdo, que era el que usaba a la hora de tomar una foto.
Así que de alguna manera lo agradecí, pues conservé mi trabajo y trataba de hacerlo lo mejor posible, aunque al verme en casa con mucha luz natural me di cuenta que ver lo que estaba en la pantalla no iba a ser como estar en la oficina.
Para que mejor me entiendan, era como si hubiera puesto un velo blanco sobre la computadora y con la luz de ambiente y la de pantalla no me permitiera ver lo que había en la pantalla.
Aumenté el tamaño de la letra no solo en el texto que escribía, sino en la ventana de internet y pantalla.
Y aunque para mi hacer mi trabajo era más difícil nunca me quejé porque gracias a Dios aun tenía un trabajo.


Una nueva opción.

Hablando con una amiga y colega sobre lo de mis ojos, me comentó que los socios del Club Rotario Reynosa hacían campañas de cataratas, que debería de ponerme en contacto con ellos.
Incluso comentó que había sido una socia la que le sugirió me pusiera en contacto con ella, así que eso fue lo que hice. Tenía que mandar un escrito, solicitando el apoyo con el presupuesto que ya me habían dado, cosa que hice pero no obtuve pronta respuesta debido a que los presidentes estaban pasando por una tragedia, gracias al COVID.  Así que tuve que esperar un poco más.
Honestamente me sentía muy desilusionada pues no pintaba para pronto mi cirugía, y es que entre que no tenía los recursos y la pandemia, las cosas cada vez se veían más lejanas. 
En un día de esos que estaba trabajando, me llegó un mensaje a mi inbox por parte de la clínica La Carlota, de Reynosa y me decían que tendrían una campaña que podía ir para que me consultaran y así operarme.
Mi amiga que me pasó el contacto del doctor que me contestó mal, me dijo que insistiera pero si él me habló de manera grosera sabiendo o pensando que era como una ciudadana cualquiera (que lo soy) no quería que me tratara diferente por ser medio. 
Así que fui como lo que soy, una reynosense como el resto, hice fila, pagué mi consulta y esperé a que me atendieran.
Claro había niños, mujeres además de las personas muy mayores que debo decir, iban porque tenían cataratas. 
Cuando llega mi turno pues igual me hacen las pruebas de siempre, solo que ahora al ponerme el aumento no veía, con el ojo derecho, y me decía el joven: “no te fuerces, no hay respuestas correctas” y yo: “no, es que si veo, solo que la luz no me deja ver”, es que había un foco cerca del cartel, pero el hombre me vio como diciendo: “Tu y yo sabemos que no es el foco” así que dejé de forzar mi visa y nuevamente colocó las gotas dilatadoras en mis ojos.
 
Debo decir que ¡arden pa’ la vida! es como si te cayera chile en los ojos. Pero ni modo, era parte del proceso, además ya habían sido varias las ocasiones que me la habían puesto.
Nuevamente a esperar media hora para que el oftalmólogo pudiera atenderme.
Aquí debo decir que me topé a una pareja de señores que iban solitos a chocarse, al parecer ambos tenían cataratas. Y estaban al igual que yo, esperando a que sus pupilas se dilataras.
Y yo, bueno, como siempre soy esa persona que hace plática a desconocidos, pues que me pongo a platicar con la señora. Ella decía que era la primera vez que le ponían estas gotas y que ardían mucho. Yo con toda mi experiencia le dije: sí, pero se pasa rápido, lo que no se pasa rápido es el efecto.
Es que el efecto dura más de cuatro horas y así se lo dije, me comentó que veían ellos dos solos en camión y pues como ya fue su turno de pasar, no continuó nuestra charla, pero me quedé pensando en como le harían ellos para irse. 
Total que después de casi una hora me mandan llamar con el oftalmólogo que esta vez era una chica mas o menos como de mi edad y me hace pasar para revisar mis ojos.
Los ve y me dice lo que ya venía escuchando: Tienes una catarata muy avanzada en el ojo derecho, ya está madura y muy lista para retirar. En el izquierdo también pero es más pequeña, esa puede esperar.
Cuando termina pregunta mi edad, le digo que 36 que estaba cerca de cumplir los 37, y me ve como si no me creyera. O sea, yo se que me veo mayor de la edad que tengo, siempre ha sido así, pero en serio nací en el 83. En fin.
Hace la receta y me vuleve a preguntar la edad y le repetí lo mismo. Me manda con otra persona para que me de la cotización. 
Pasé a otro consultorio y ahí me preguntaron si me operaría, les respondí que si, claro que no dije cuando y si con ellos.
El presupuesto era lo mismo que en los anteriores, 15 mil pesos solo la cirugía, entre estudios otros 2500, y el transporte, todo esto dando un total de 20 mil pesos.
Con mucha desilusión y una posible fecha salí de ahí. Como deben suponer, con la mirada muy borrosa, lente oscuro y caminando hacia el camión.
Cuando estaba arriba me topé a la misma pareja que no sabían donde bajarse para tomar el camión que los llevaría a su casa y pues ya les dije donde bajarse para que pudieran acceder a ella, fue donde yo misma me bajé para tomar mi ruta.


La intervención.

Cuando les comento a mi familia que ya había una fecha y que posiblemente recibiría ayuda, pues estuvo bien, había esperanzas. Pero estas cada vez se fueron haciendo pequeñas pues no tenía respuesta por parte del club que me ayudaría.
El tiempo fue pasando y nada, hice una pequeña actividad con mi amiga/colega pero claro lo obtenido no era suficiente. Necesitaba mucho más.
Un día mis hermanas me dijeron que no podía seguir así, que debía hacer algo para juntar dinero pero ya porque la fecha fijada estaba cada vez más cerca y yo ya no veía.
Pensamos en seguir haciendo actividades, vender comida, cualquier cosa para obtener fondos y operarme.
El pequeño detalle es que no tenía tiempo y tampoco podía sola, así que me llevaron con una psicóloga.
Yo no aceptaba que no podía sola con esto y que necesitaba la ayuda de todos para poder lograrlo.
Me costó y mucho hacerlo. Pedir ayuda, darme cuenta que en esta ocasión no podía sola y que no estaba mal decirlo.
En mi experiencia puedo decir que todas las veces que he pedido ayuda o un favor, en primer lugar debo tener mucha confianza en la persona que lo hago y dos, ya le di mil vueltas y me acerqué a hacerlo.
Ah y la mayor parte del tiempo que lo hacía recibía una respuesta negativa entonces lo hacía yo cuando se podía.
Mi miedo era perder mi trabajo, pues si se llegaban a enterar que estaba solicitando el apoyo de todos podría meterme en problemas pero Rosie, la psicóloga me dijo: “Si te quedas ciega en tu trabajo te van a despedir porque no les sirves más y te van a sustituir muy pronto. Tu te quedarás ciega, sin trabajo y sin poder trabajar”
Esas palabras fueron el impulso que necesitaba para atreverme a dar ese paso y mandar un mensaje de auxilio.

Continuará…. 

lunes, 12 de octubre de 2020

Una nueva forma de ver la vida

Una nueva forma de ver la vida


Uff, después de meses he vuelto con una nueva entrada, un nuevo tema y una nueva experiencia, la cual aún estoy viviendo, pero pronto cambiará haciendo que esto quede en las historias que les contaré a mis hijos y si Dios me lo permite, a mis nietos.

Como saben, seré sometida a una cirugía en ambos ojos debido a que tengo cataratas. Un padecimiento que jamás pensé tener a mi edad.

Y literal, tengo semanas intentando escribir sobre mi experiencia sobre lo que está ocurriendo en mi vista, pero la inspiración no había llegado. De hecho no sé como empezar, así que creo que lo haré desde el principio.


Y así inicia.



Pues todo comenzó hace dos años, cuando cumplí 35 cuando al dormir notaba que mi vista se hacía borrosa cuando leía, pero yo culpaba al desmaquillarte que usaba. Lo raro es que, después de desmaquillarme siempre le lavo bien la cara para que no queden residuos. 
Total que lo dejé pasar pues era solo por las noches y no era para tanto, llegué a pensar que solamente mi vista se estaba cansando por leer antes de dormir.

Pero fue en mi ida a la Isla del Padre, al año siguiente cuando noté que algo andaba mal conmigo por que con el ojo derecho no enfocaba bien a la hora de tomar fotos en la playa.

Además notaba que el sol me encandilaba cada vez más y eso no era normal.

Mi síntoma era que al ver solo con el ojo derecho había como una mancha cubriendo una parte de mi visión. Así como cuando empañas los lentes y solo te permiten ver claro por una parte. De esa manera.

Busqué en internet, claro que los resultados hablaban de cataratas en los ojos las cuales les daban a personas después de los 50 años y mostraban una vista un poco nublada.

Otra opción era un desprendimiento de retina pero los síntomas eran muy doloros y yo no tenía nada de eso, solo dolor de cabeza en algún momento.

También mencionaban que la diabetes, la hipertensión o el estrés podían ocasionar falta de visión en algunas personas, pero yo no soy diabética ni hipertensa, así que la única era estrés. Y es que en ese tiempo había pasado por momentos sumamente estresantes.

Claro que dejé de hacerme tonta y visité un oftalmólogo pues google no siempre tiene la respuesta.

Durante la consulta, todos los exámenes, desde ver las letras más lejos, desde la lectura de los ojos, todo lo que me pusieron salir bien. Incluso me dijo el oftalmologo: “Nada más porque tú me estás diciendo que ves borroso, porque tu vista es perfecta”.

El diagnostico era cansansio y estrés, la recomendacón era descansar. Así que me tomé unos días, por supuesto después de pedirlos en el trabajo.

Pues no, nada cambió, todo siguió igual. Mi visión era la misma, pero solo del lado derecho. Ahí mi vista seguía siendo borrosa todo el tiempo y en las noches no podía leer bien, pues toda mi visión era más borrosa.


No me quedé con esa sola opinión y acudí a dos más que me dijeron exactamente lo mismo.
Y yo cada vez sentía que veía menos, así que me gradué unos lentes. La medida en ese momento era .75 que en el momento que los encargué estaban bien, pero ya cuando me los entregaron no veía bien, se veía todo borroso. El aumento no era sufuciente.

Me resigné pensando que quizás era cansancio, lo normal después de que cumples los 36 así que lo dejé pasar.

También se me dificultaba ver de noche al manejar, tomar bien fotografías y realizar bien mi trabajo, porque si a la hora de escribir tenía que ampliar más las letras para leer mejor.

Un día, nadamos de puros puntos me medí unos lentes en Home Deppot de esos de los que venden ya graduados con 1.00, 1.25, 1,50 y así, bueno, me probé los de 1.00.

Fue ahí donde me di cuenta lo mal que estaba mi visión, así que los compré y decidí usarlos, pero solo para leer o escribir.

Y ahí estaba yo con problemas visuales y usando lentes a mis 36 años. Debo decir que esto lo veía ya como algo normal, después de todo eso pasa con la edad, ¿no? 


Se hizo más intenso.


En marzo de este año mientras leía un poco en mi celular me di cuenta de que me costaba ver las letras. Es decir, era como si tuviera un velo muy cerrado frente a mis ojos. 
Volví a pensar que era normal, pues estaba leyendo, ya era tarde y había estado escribiendo mucho.

Pero no fue hasta que conduje hacia un evento cuando un carro se me metió a la brava y casi me pega, porque literalmente no lo vi. Es decir, salió de una calle si fijarse y yo debía frenar, después de todos la prudencia debía caber en alguien. Así que me asusté. Tallé mis ojos y continué.

Otro día, andaba en McAllen, manejando de noche y tenía dificultades para ver, y eso que llevaba lentes puestos.

Las cosas no podían seguir así, entonces busqué un oftalmólogo al día siguiente en la mañana y me dieron cita para medio día y fui.

El doctor era joven, si a caso unos pocos años menor que yo o quizás de mi edad, total que me hizo preguntas de rutina, como mi edad y le comenté que 36, que no, no era diabética ni hipertensa pero que tenía problemas para ver. Y que no, yo jamás, nunca había tenido dificultades visuales, que incluso me habian dicho que tenía una visión perfecta. 

Me hizo los exámenes regulares, ya saben adivinar las letras, que tanto ahumento necesito para una graduación e increiblemente, salieron bien.

Fue entonces que me dijo dilataría la pupila, cosa que ningún otro hizo.

Pues me puso unas gotitas que ardieron pa’ la vida y esperé 20 minutos. Después de ese tiempo me llamó nuevamente y me revisó más afondo los ojos.

“Tienes cataratas en el ojo derecho, y está muy avanzado, su nivel es un 4, ya está lista para retirar”.

Claro que no me dio tiempo para pensar mucho porque en eso revisó mi otro ojo y dijo: “Si, también ha catarata en el ojo izquierdo pero es más pequeña, mide un 2, esta puede esperar un poco más”.

No sabía que decir o que pensar, por fin ya tenía un diagnóstico claro y una solución al mismo. 

El doctor me explicó que eso se retiraba con cirugía láser la cual el realizaba y era su especialidad. El costo era de 20 mil pesos un lente normal y 40 mil pesos el trifocal, que para mi edad era el más recomendable.

Después me preguntó: “¿En serio tienes 36 años?” y le respondí que si, que cumplía los 37 en julio, pero que aun faltaban unos meses.

Se quedó pensando y después me ve y dice: “Es que estás muy joven para tener este tipo de problema visual” y pues, si, según google decía que debería ser mayor, por eso no le presté atención.

Me dejó ir pero con la promesa de que juntaría dinero para operarme.


Un diagnostico claro, un panorama no tanto.



Pues ya tenía un diagnostico pero no sabía si la cirugía sería pronto, lo que si tenia muy claro es que no podía pagar las cantidades que me dijo, pues como saben el sueldo de un reportero en mi ciudad no es el más generoso.
Entonces busqué más opciones, porque otra cosa de la que estaba muy segura es que eso requería la cirugía, de no ser así yo podía quedar ciega, y esa no era una opción, no para mi.

Per en ese momento aunque no tenía un gran sueldo si tenía mucho trabajo y cosas que hacer, así que no tuve el tiempo de encerrarme en casa a llorar y deprimirme porque no podía pagar esa cantidad.

Busqué opciones más económicas, pero aunque fui a tres campañas el precio no estaba a mi alcance, lo más barato eran 20 y aun seguía yo sin esa cantidad.

No sabía que hacer, a quien acudir o como hacerle.

Pedí prestamos, incluso en mi trabajo pero no eran posibles de momento y yo no podía esperar mucho porque me daba cuenta que el problema iba avanzando.

La mejor opción era una campaña que hace el DIF de mi ciudad, así que una amiga me llamó para comentarme que fuera así que acudí rapidamente, me pusieron en la lista. Me dijeron además que esperara por que en mayo iniciaban con la campaña y vendrían de un hospital de Montemoselos para hacer las pruebas para que a principios de junio nos fuéramos a Monterrey a cirugía.

Todo parecía ir bien hasta que a principios de abril se empezó a hablar mucho sobre el COVID19 y una posible pandemia que nos estaba alcanzando.


En pausa.

Cada vez eran mas los casos que se mencionaban cerca de nuestra ciudad. Fase 1 y Fase 2, los lugares empezaron a cerrar, las actividades se suspendieron y todos entramos en un pánico terrible.

Daba miedo salir a la calle o que alguien respirara cerca de ti. Para mi que viajo en camión era doble el miedo, pues temía no sólo por mi, sino por mi familia.

Pero lo peor es que todo esto vino a suspender mis planes para la cirugía, pues en el DIF me dijeron que de momento no se realizarían y que me avisaban cuando esto sucediera.

También me mandaron a casa, por lo menos ya podía tener la seguridad de estar a salvo sin salir, pero si seguía trabajando.

Cada vez se me dificultaba más ver en la pantalla cualquier cosa. Las letras tenían que seguir aumentando de tamaño y hasta la graduación de los lentes,

Sé que muchos no me creían cuando les decía que no veía bien, porque yo estaba como si nada. 

Caminaba por la calle como siempre, eso si, usando lentes oscuros para que el reflejo del sol no me cegara tanto. 

Incluso aun con la pupila dilatada en varias ocasiones viajé sola en camión hacia mi casa.

No diré que fue fácil, porque no lo fue, pero ¿qué más podía hacer? No podía manejar y tampoco tenía carro. Depender de las personas no siempre está bien, además la gente no está a mi disposición, así que solo me tocaba segur. Claro, mis hermanas cuando podían echarme la mano lo hacían y lo agradecí mucho, pero no siempre se puede.


Nueva experiencia.


Y nunca entiendes nada hasta que lo vives y es que me resultaba tan frustrante no poder ver, no de la manera en la que estaba acostumbrada. 
Simplemente leer los subtítulos en una película, o si el actor en pantalla estaba a contra luz o la imagen era muy clara, yo no podía verlo, no de manera clara.

Las actividades cotidianas las seguía haciendo, con un poco más de cuidado, pero en serio, nunca van a entender lo frustrante que es no poder ver hasta que lo vives, o el coraje que de da meter tus pies en un charco solo porque no alcanzaste a verlo. Porque sí, no podía ver mis pies y no por gorda, sino porque simplemente desde mi 1.71 de estatura no podía ver hacia abajo.

Tampoco podía ver claro a un metro de distancia. 

La única manera que encontraba para ver bien, era usando lentes oscuros, ya que estos hacían que el sol no reflejara tanto y mi visión era un poco mejor, así que los lentes oscuros se volvieron un básico para mi, al igual que los lentes de aumento.
Repito, sé que no me creían cuando les decía: “en serio no puedo porque no veo bien”, por que lo hacía parecer fácil, pero me costaba mucho.

Los dolores de cabeza que me daban en la noche eran prueba de lo mucho que había forzado mi vista, pero no, tampoco lo decía.

Sin embargo seguía haciendo mi trabajo y cumpliendo con él, después de todo de eso vivo.


Y hasta aquí esta primera parte de mi experiencia, prometo seguir mañana con más.