Tercera parte
Pedir ayuda.
Esto esta lo más difícil que he tenido que hacer, sin dudas.
Me sentía atrapada entre la espada y la pared.
La realidad es que realmente necesitaba la ayuda, es solo que pedirla no era fácil. No para mi.
Sé que existen muchas personas que viven de eso, de pedir, pedir y pedir.
No es mi caso, me da mucha vergüenza hacerlo, principalmente por que la mayoría de las veces que lo había hecho recibía una respuesta negativa.
O cuando me ayudaban siempre era con una advertencia, con ganas de no hacerlo y eso te hace sentir mal, como que te están haciendo el mayor favor de tu vida.
Sin embargo a esas personas a las que yo les pedía ayuda siempre las ayudé cuando me lo pidieron, sin chistar, sin quejarme y con gusto. Pero claro, no todos pensamos igual.
Entonces eso me hizo hacer las cosas por mi misma, sin pedir nada a nadie. Es decir, hoy en día soy una mujer independiente que vive al día con su sueldo. No hay ingresos extras, solo gastos que solvento por mi misma.
Si, hay gente que me ha echado la mano muchas veces y de verdad agradecí a cada una de ellas, pero son personas que ofrecen la ayuda sin ningún interés y entonces la aceptas con gusto.
Pero pedir, eso era muy distinto. Más con mi experiencia.
Tuve una lucha conmigo misma durante un tiempo. Corto, por cierto, pues mis hermanas y la psicóloga solo me dieron unas horas. En mi cabeza estaba la idea de: ”Que pena”, ”En serio he tenido que llegar a esto”, “Soy tan vulnerable”, “Me van a decir que no”, “Me van a correr de mi trabajo”, “Me van a regañar por eso”, y muchos pensamientos negativos más.
En todo este tiempo mis hermanas me decían: “No se trata de debilidad”, “Hay gente que te va ayudar solo porque se trata de ti”, “Sabes que lo necesitas”, “No pasa nada”. “La gente lo hará porque te quiere”, “No estás robando”, “No pierdes nada”, “Se trata de tus ojos. no cualquier cosa” y muchas más cosas.
Al final de día, lo hice. Me costó mucho escribir esa publicación, demasiado, pero lo hice y valió la pena.
Inesperado.
Ese domingo por la noche que redacté desde mi celular el mensaje, con la foto de mi ojo y mi número de cuenta en modo público, cambiaron muchas cosas en mi.
Ver la respuesta obtenida por parte de esa gente que me conoce por muchos años fue…. Inesperado.
Realmente nunca pensé que recibiría tantos mensajes de apoyo y cariño, además de alguna aportación a mi cuenta. Eso me conmovió mucho.
Me demostraba que efectivamente, no estaba sola en esto y que si podían ayudarme, lo harían con gusto.
Hubo mensajes de apoyo, otros me preguntaban qué necesitaba, si estaba bien. De verdad me sentí abrumada y contenta al mismo tiempo.
Entre mis hermanas y yo planeamos hacer actividades como una rifa y una venta de hamburguesas, esto con el fin de seguir recaudando dinero para la cirugía, pero sabíamos que no me iba a operar en el hospital en donde había cotizado, pues el tiempo ya era poco, entonces decidimos juntar y después buscar otra opción, en realidad ya no tenía de otra.
Pero bueno, entre los mensajes que recibí había uno de un club que ofreció su ayuda. El Club Rotario Reynosa Industrial, quienes me comentaron cuentan con una campaña de cataratas apoyados por la Clínica de Oftalmología de Monterrey, la cual está ubicada en el Centro de Reynosa.
Hablé con la presidenta, de todos modos ya no alcanzaba a operarme en el tiempo que me habían dado, no completaba la cantidad que necesitaba.
Así que me dijeron que hiciera una cita en la clínica para una valoración por parte del doctor Juan Obed Díaz Jiménez, y así lo hice.
Un nuevo diagnostico.
Lo más curioso de todo esto es que un día, cuando apenas empezaba a sentir molestias en mi visión, saliendo de la Casa de la Cultura de Reynosa, (en donde había ido para cubrir un evento) vi la clínica y llegué a preguntar cuanto costaba la consulta. Al final no fui ahí, de haberlo hecho las cosas habrían sido diferentes, pero Dios sabe por que hace las cosas.
En fin, ahí estaba yo en espera de mi turno para consultar. Ya la verdad no me sentía nerviosa, solo pensaba: Otra vez mi visión será más borrosa cuando dilaten la pupila., me dirán que tengo catarata y que pues necesito cirugía.
Y pues… si, de alguna manera eso fue lo que me dijo el doctor, solo que en esta ocasión no solo hablaba de una catarata. Me preguntó si en mi familia había personas con catarata, les dije si, mis abuelos y a mis papás apenas les estaba saliendo una en un ojo. Nuevamente me preguntó sobre mi edad. Ya tenía yo 37, recién cumplidos.
Pero además me cuestionó si en mi familia había antecedentes de glaucoma. Eso no me lo habían preguntado antes, de hecho nadie lo mencionó.
Pues resulta que además de tener catarata, tenía el lente intraocular estrecho. Es decir, estaba propensa a un glaucoma. Y es que según me comentó el doctor, son cuatro niveles angulares en las cámaras de los ojos y yo estaba a la mitad, si yo tuviera un grado uno, con la gota que dilata la pupila yo hubiera ocasionado que mi lente se cerrara por completo, me produciría un dolor horrible en el ojo lo que solo les daría 72 horas para actuar, ya que después de eso no habría nada que hacer y perdería el ojo, para siempre.
¿Lo peor? Es genético, así que recordé aquella vez que mi mamá me dijo que no dejara que me pusieran esa gotita, porque fue eso lo que dejó ciega a la mamá de mi papá. En ese momento yo dije: Ay, claro que no fue eso, está exagerando. Pero pues no.
Eso me asustó y honestamente no lo sabía. Pensé en todas esas veces que pusieron gotas en mis ojos para revisar la catarata y que nadie me dijo. Realmente pude haber quedado ciega por glaucoma y no tanto por la catarata.
Afortunadamente tenía arreglo y en cuanto me operara de la catarata se arreglaría ese detalle.
Debo decir que ese oftalmólogo me preguntó mi edad muchas veces ya que tanto la catarata como el glaucoma eran algo que no debió pasarme tan joven.
Salí de ahí con mis esperanzas renovadas y dispuesta a juntar a operarme cuanto antes. Además de las órdenes de hacerme unos estudios tanto de sangre, medida de ojos y el visto bueno de un médico internista.
Encontrar a uno de estos en plena pandemia fue lo difícil, pues no estaban consultando así que me tocó esperar.
En espera.
Mientras pasaban los días yo seguía haciendo actividades para obtener recursos para poder operarme y notaba como cada vez más me costaba ver, la catarata avanzaba rápido, en ambos ojos.
Realmente mucha gente no me creía lo difícil que era para mi salir a la calle y más de día, por que el sol no me deja ver. Así que como dije, los lentes oscuros se volvieron parte de mis artículos de uso diario.
Por supuesto seguía trabajando, de la misma manera que antes, solo que no salía a cubrir eventos, lo cual era bueno pues no me gustaba andar sola en la calle, aunque no me quedara de otra a veces.
Un día de verdad los lentes que usaba ya no me eran suficientes y tuve que optar por otros de una mayor graduación.
Eran incómodos pero funcionales, hasta cierto punto, pues seguía viendo través de un velo denso que apenas me dejaba vislumbrar el panorama.
Ver mis pies, no era posible, así como tampoco ver a medio metro de distancia. Así que los lentes se tenían que quedar.
Lo complicado era cuando tenía que salir, pues se empañaban. Si, era espantoso, pero no había de otra.
Hasta que llegó septiembre, mes en el que algunos médicos pudieron consultar, si, me pareció eterno esperar tanto, pero pues debía ser así, el COVID esta muy intenso y entre menos salieras todo sería mejor.
Así que ya después en este mes hice mi cita y asistí. Ahí me hicieron algunas pruebas, pero antes unos estudios de laboratorio en donde dijeron que yo estaba bien. Las pruebas que me hizo el médico también estaban bien. En pocas palabras yo estaba saludable.
Antes de programarme.
Ya para este punto yo me encontraba feliz, cada paso que daba me acercaba más al día de la cirugía y eso era lo que yo más deseaba.
En mi siguiente cita con el oftalmólogo en donde entregué todos los exámenes, pues vio los resultados y nuevamente me preguntó mi edad, además debo decir que en alguna consulta anterior me preguntó si yo había consumido estrógenos, y como el los resultados no había rastros de ello, me volvió a decir que no se explicaba por qué razón yo tenía este padecimiento, siendo tan joven. La verdad es que nunca lo sabremos, a la fecha seguimos especulando sobre el por qué de esto, pero no tenemos nada claro, solo apareció.
En la consulta donde entregué todos los estudios y la aprobación del médico internista, me dio una carta que debí entregar a grupo que me estaba echando la mano, decía que yo tenía que pagar una diferencia, esta era de 20 mil pesos, por ojo. Una vez que yo tuviera esta cantidad, sería programada.
Cuando me dijo el costo pude sentir como mis ojos se llenaban de lágrimas. No, no tenía esa cantidad. Juntar los 30 mil pesos que restaban me parecía un poco bastante imposible con el sueldo que yo tenía, así que nuevamente hice actividades para poder juntarlo.
Una vez más me sorprendió ver el cariño de todos, pues muchos se sumaron nuevamente a mi causa y pude juntar los 10 que me faltaban para la primera primera operación después de varias semanas, así que ya con dinero en mano fui nuevamente con el doctor para pedir que ya me programen. Y así fue. Me dieron fecha para el 16 de octubre en Monterrey, al medio día.
Continuará….

















