Como yo no sabía si nos iban a dar agüita o alguna botana en el vuelo, se me ocurrió comprarlo en el aeropuerto. ¡Por Dios! una botella pequeña de agua en ¡50 pesos! mexicanos y una bolsa de fritos en casi ¡100 pesos! ¡Carísimo! Pero ni modo, andaban güenos.
Total que ya abordamos, después de horas de esperar, me tocó otra vez ventanilla, yo la verdad no quería ir viendo para afuera. No sé si sepan, pero, le temo a las alturas, entonces, no era buena idea.
Despegamos y ya todo normal. La neta no se sintió como al principio, o igual ya me había mentalizado para tener que hacerlo y me relajé.
A diferencia del vuelo mexicano, el gringo si me ofreció una bolsita ce pretsels y una coquita de lata, además del vasito de agua, porque en el que me fui primero, ni agüita nos dieron.
También fueron dos horas de vuelo, el cual debo decir sentí más miedo que en el primero porque había muchas nubes, se movía mucho e iba muy rápido.
Llegamos a Houston, Texas y después de pasar por migración nos dimos a la tarea de buscar nuestra sala, ya que el boleto aun no lo tenía marcado. Todo un show porque según nos habían dicho en la sala E eran los vuelos internacionales, lo que nos hizo recorrer todo el aeropuerto en una especie de metro, pero que solo tenía dos vagones. Debo decir que fue muy divertido.
Cuando llegamos a esta sala, nos informaron que no, que debimos ir más atrás, y así llegamos con la correcta. Ya no tuvimos que documentar porque nuestro equipaje ya estaba documentado, así que solo cargamos con las maletas de mano, que no parecía pero si pesaba.
Lo primero que notamos fue que olía a carnita asada (¡JAJAJAJAJAJA!) Si, ya teníamos hambre, pero era un show pedir en donde estaban los sandwiches con esa carnita porque aceptaban solo tarjeta y nosotros nada más contábamos con efectivo.
Yo, opté por una hamburguesa que al final resultó ser la mejor elección hasta que vi Panda Express, pero aun así me supo deliciosa, más cuando descubrí que el aroma a carne asada provenía de este lugar.
Una vez llenamos la barriga, nos dirigimos a nuestra sala a esperar nuevamente por el vuelo, el definitivo que nos llevaría a Argentina.
Los nervios estaban a tope, y mientras esperaba vi a unos niños ingleses que también iban a Argentina y que traían un desmadre.
Ya era hora de abordar. Esta vez no nos tocó ventanilla sino en el centro, más apretadas pero íbamos bien porque el avión era de los más modernos, con pantallas digitales, audífonos, internet y varios detalles que me resultaron agradables.
Tuvimos que esperar un poco más de una hora en el avión porque algo andaba mal con el combustible y bueno, nos esperaban 10 horas de trayecto.
Claro que era genial que pasara de la media noche, así tendría tiempo de dormir, fue lo que ingenuamente pensé en ese momento, porque no, lo que menos pude fue dormir. Vi tres películas completas y otras tres dejé empezadas porque no me llamaron la atención.

Nos dieron de cenar y entendí todos esos comentarios que hacen sobre las comidas de los aviones. Afortunadamente no soy una mujer de comer mucho, menos por las noches (aunque no me lo crean) Pues el pollo estaba equis, pero las galletas andaban chicas.
Durante el vuelo podía ver el trayecto en la pantalla, cuanto tiempo llevábamos de vuelo y en cuanto aterrizábamos.
A pesar de que las luces estaban apagadas e intenté dormir un rato, no lo logré. Y ya cuando estaba agarrando el sueñito bien chico, el piloto anunció que dentro de poco aterrizaríamos y que nos iban a servir el desayuno, así que adiós a la idea de poder pegar un ojo.
Un cuernito con mantequilla y mermelada, café, yogurth y no recuerdo que otra cosa nos dieron para desayunar, lo que si recuerdo es que el yogurth no me lo comí por aquello de la intolerancia a la lactosa y que el cuernito estaba delicioso.
Cuando abrieron las ventanillas, (que por cierto estaban cerradas) pude notar muchos árboles, mucho verde y una temperatura un poco más fría, porque si, en el avión hacía mucho frío.
Sin creerlo, yo estaba en Argentina.

Pues aterrizamos, pasamos migración y listo, estaba en Buenos Aires, Argentina. Lo que pensaba en ese momento, es: “Estás en Argentina, finalmente lo hiciste”. La verdad, no sentí nada raro, todo era igual porque me encontré con mis amigas en el aeropuerto, cambiamos dinero y buscamos un taxi. Todo estaba bien hasta ese momento. Fue interesante ver los billetes argentinos, la cantidad de dinero que nos dieron por cambiar solo unos pocos dólares.
Todo se volvió real cuando tomamos un taxi. El acento del hombre, el salir y oler aire fresco, el recorrer las calles llenas de arboles y áreas verdes, porque según nos contó el taxista, el aeropuerto está rodeado de varios bosques, lo que personalmente me encantó.
Durante nuestro trayecto hacia el hostal pude ver el camino, había casas y edificaciones modernas y antiguas, el clima no era ni frío ni caliente, sino agradable, a pesar de que estaban en otoño.
Y yo seguía sin poder creer en donde estaba. Llegamos al hostal, el cual estaba ubicado en una de las calles principales de la ciudad, muy céntrico.
Todo se volvió más real mientras íbamos de camino hacia ahí, por los letreros, el acento de las personas y claro, las mismas personas.
Solo estaríamos dos días en Argentina así que debíamos aprovechar el máximo, así que llegamos al hostal y dejamos nuestras cosas y salimos a buscar comida, porque aunque según habíamos aterrizado a las 9 de la mañana, en Argentina era casi medio día y para la hora que buscábamos donde comer ya eran como las 3 de la tarde, hacía hambre. También estaba muy cansada porque no había podido dormir y quería bañarme, pero como lo dije, no había tiempo que perder.

Recorrimos las calles, le avisé a un amigo que había llegado y el igual que yo, incrédulo porque estaba en el fin del mundo, como dijeron por ahí los argentinos.
Y si estábamos en el fin del mundo teníamos que comer lo que comen ahí: un buen corte de carne. ¿Lo malo? Casi no como carne, pero como me dijo mi amigo: “Güey, estás en Argentina, olvidado todo y disfruta” Y eso hice.

Pedimos algo que se veía delicioso y sabía mejor, la carne súper suave con un sazón muy bueno, pero era demasiado, el plato llevaba ademas del corte de carne, dos huevos fritos, papas fritas, una canastilla de queso con champiñones y no recuerdo que más. Debo decir que estaba delicioso pero no pude hacer mucho con eso.
La coca cola y la pepsi saben diferente, por nada había salsita y los limones son como lo que nosotros conocemos como limas. Muy rico y diferente a lo que estamos acostumbrados. En la mesa, en ves de chips o totopos te ponen pan, mantequilla y queso, para que picotees antes de que llegue tu comida.
También un detalle que descubrimos es que no había picante, nada, nadita. En la mesa nos pusieron una salsa chimichurri y un tipo pico de gallo pero era solo tomate, cebolla con orégano, aceite de olvida y vinagre, muy rico, pero no era lo que necesitábamos. Mi amiga, que es más de comer picante que yo, se aventuró a pedirle al mesero, si de casualidad tenían algo que picara y pues dijo que el chef preparaba una salsa picante que no le ofrecían a los clientes, pero que nosotras siendo mexicanas podríamos con ella. La sorpresa es que su salsa súper picante, no picaba absolutamente nada. Pero estaba rica.

Una vez con la pancita llena, debíamos ir a buscar los boletos para el buquebus, porque una cosa nos dejaron muy clara al llegar, al día siguiente habría paro nacional y no iban a trabajar nadie y cuando decían nadie, creánme era nadie. Eso lo descubrimos después.
En nuestra búsqueda recorrimos las calles, porque si, caminamos mucho. Dimos con una agencia de viajes que nos quería vender al doble el boleto mas aparte darnos un tour rápido el cual también costaba más de lo que pensábamos gastar. Seguimos buscando y llegamos a la central de donde partía en buque.
Un mar de diferencia en el costo de los boletos para ir a Uruguay, en fin, una vez conseguido eso.
Regresamos al hostal, pero esta vez en taxi, porque la neta estaba mas lejitos. Seguimos recorriendo calles, conociendo, viendo y disfrutando. Fue increíble.
Y la manifestación comenzó.

Hay dos horas de diferencia en el horario de México y Argentina, mientras aquí eran las 8 de la noche, allá eran las 10, así que eran las 12 y a pesar de que no había dormido nada, no podía conciliar el sueño, pero no era solo yo, sino que mis amigas estaban en las mismas.
Levantarnos fue una tarea titánica porque obviamente a las 8:00 de la mañana de Argentina era las 6:00 p.m. de Reynosa. Entonces, me levanté a las 7:00 a.m. Mis ojitos se cerraban solos, realmente dormí muy poco. Nos turnamos para usar la regadera, porque si, me bañé en la noche antes de dormir, pero no sé ustedes, yo no puedo iniciar mi día sin bañarme.
Esa mañana estaba fresca, así que opté por un suéter ligero, que me cambié porque estaba mas frío de lo que había pensado.
De pronto escuchamos los tamborazos, la manifestación había comenzado y yo no me la quería perder, mis amigas tampoco, así que nos dimos a la tarea de seguir el sonido.

Recuerden que les dije que estábamos cerca de una de las principales calles de Buenos Aires, entonces no fue difícil encontrarla ya que era justo ahí donde estaba toda la “fiesta”.
Claro que lo apremiante era desayunar, así que elegimos un restaurante de comida rápida que estaba frente al hostal, era tipo McDonalds pero más barato.
Yo pedí mi reglamentario café y un un sandwishito que se veía bueno. Mi sorpresa fue que el café no es como yo lo conozco, pues ya me lo daba con leche la cual era hervido. A ese café le llamaban café cortado. No tenía azúcar. Y la verdad, no estaba nada rico. El sandwich era de jamón con queso, pero el pan era hecho por ellos, o eso creo yo, porque sabía demasiado a levadura. En fin, me comí todito porque tenía hambre.

Aquí nos sorprendió un niño, pero para bien. Estábamos desayunando y se acercó para vendernos lapiceras, (boligrafos o plumas como prefieras llamarlas). El niño, muy educado y guapísimo, que vestía ropa modesta, tenía unos grandes y hermosos ojos café claros. Nos conmovió porque le ofrecimos dinero sin comprarle sus lapiceras y él muy digno dijo que no, que él estaba trabajando no pidiendo dinero. Muy molesto se fue a la mesa de al lado, pensamos que nosotras por ser mexicanas nos había dicho eso, sin embargo vimos que al chico le respondió lo mismo, y él le había dicho que le pagaba sus lapiceras pero que se las regalaba para que las vendiera mas adelante y tampoco quiso. Volvió y una compañera le ofreció invitarle a desayunar pero el también se negó, insistimos y nos pidió un momento, salió corriendo y volvió, había ido a pedirle permiso a su mamá. Al final se llevó el combo del juguete y se fue muy feliz. La actitud de ese pequeño nos dijo que llegará muy lejos en un futuro.

Al salir de ahí lo primero que noté en las calles donde estaba la manifestación es que había mucho humo y es que estaban señores prendiendo el carbón en asadores grandes, al principio no entendía por qué, mas adelante descubrí que era para empezar la vendimia, después de todo hubo gente que si trabajó.
Los manifestantes se quejaban de la grave devaluación que su moneda ha tenido y la crisis económica que sufren actualmente, pues los precios de los productos y servicios se elevaron hasta un 200 por ciento, según supimos.

Por nuestra parte, cinco turistas con ganas de conocer la ciudad lo máximo que pudiéramos en un solo día teníamos una muy dicil labor, ya que como nos advirtieron antes, la mitad de la ciudad no iba a trabajar.
Estuvimos caminando, recorriendo las calles cerca y buscamos donde poder tomar el turibus que era la mejor manera de recorrer los puntos interesantes de la ciudad sin perder tanto tiempo. ¿Pero antes tendríamos que descubrir si estaban trabajando? Esperamos, y esperamos hasta que nos dijeron que no iban a pasar en las paradas oficiales, que era mejor ir a las oficinas.

Una vez ahí la señorita del mostrador nos aseguró que saldrían, pero no en esa parte, ya que las calles estaban bloqueadas debido a la manifestación. Tuvimos que caminar en compañía de uno de los guías, quien debo decir estaba muy asustado ya que este tipo de actividades resultaban ser violentas. Claro que a nosotros no nos parecía común una manifestación pero tampoco lo veíamos como un acto de violencia porque todo se veía muy civilizado, la verdad.
Caminamos algunas calles, cruzamos la avenida más importante que se llama 9 de julio, según nos dijo el chavo que nos guiaba, es una de las calles más hachas del mundo ya que mide 140 metros y es donde se encuentra el Obelisco.
Pasamos por el Teatro Colón considerado uno de los mejores del mundo por su acústica, tamaño y trayectoria. Hermosa construcción, por cierto. Sin embargo prefiero Bellas Artes.

El chico muy nervioso por que se escuchaban como explosiones, nos dejó ahí en frente del teatro, en la parada del turibus, pues repito, él estaba asustado. Después supimos que no eran cohetes, sino bombillas molotov, parece que después de todo estuvo peligroso, pero como estamos tan acostumbradas a esos actos, no nos espantamos. Estuvimos esperando a que pasara el turibus, al menos una hora, pero como no tuvimos suerte.
Tomamos un taxi que nos llevó al estadio River Plate y aunque no soy fan del fútbol, me emocionó. Dentro hay un museo que te lleva por la historia, no sólo del equipo y el fútbol sino te muestra sucesos históricos de Argentina. Estuviemos recorriendo el lugar, tocamos el césped y mis amigas compraron souvenirs y yo me tomé las fotos que pude.
Ahí debería pasar el turibus, y si, media hora esperamos y pasó. Nos trepamos rápidamente en el segundo piso para poder ver mejor. Claro, el frío pegaba más ahí pero teníamos que hacerlo para poder ver bien la ciudad, la cual es bellísima.
Nos detuvimos para cambiar de camión y nos informaron que era el ultimo que pasaría así que no tendríamos oportunidad de bajarnos en ninguna otra parte, una lastima porque en serio quería recorrer el río de la Plata, el cual se veía bellísimo y otros puntos que quizás pueda visitar en una próxima visita.
Al terminar el recorrido ya teníamos hambre porque no, no habíamos comido. Pedimos recomendaciones y estas nos guiaron a un restaurante cerca de donde estábamos hospedadas. La chica dijo que ahí podríamos disfrutar de un buen corte de carne.
Personalmente después de ver como me habían servido un día antes preferí pedir un sandwich, o amenos eso decía el menú. Cuando llegó vi que era un pan tipo subway partido en dos, con una fajina, mucho jamón y queso de varios tipos… eso si, con lechuga, tomate y una gran porción de papas fritas.
Nuevamente pedimos salmistas picantes y nuevamente nos llegaron con el chimichurri, la mayonesa que sabe diferente. Por si se lo preguntan, no, no pude comer lo que me sirvieron, dejé el pan, y me comí lo que pude de carne, jamón y eso, realmente era demasiado para mi.

Al salir de ahí seguimos con nuestro recorrido, aun había muchas cosas por ver y comprar. Seguimos recorriendo las calles de Buenos Aires, caminamos mucho pero la verdad, valió la pena.
Antes de ya irnos a dormir, vimos que la vendimia aun seguía y que el paso de las personas podría verse pues también habían dejado las calles sucias a su paso. Como queríamos probar lo mas que pudiéramos compramos esos sandwiches tipo tortas que vendían con una tipo salchicha a la que ellos llaman chorizo. y que tiene mucha grasita y condimentos. La preparación era la misma, sala chimichurri, mayonesa, mostaza, las hojas de lechuga y las rodajas de tomate. Andaba bueno, pero ya no quería saber yo nada de pan.

Yo moría de frío, porque ya en la noche bajó mas la temperatura y pues necesitaba un café, fuimos al McDonalds que estaba cerca del hotel, yo con la esperanza de que el café americano fuera diferente. No, no lo fue, estaba también ralito y con leche caliente y espumoso. Pues me quitó un poco el frío, la verdad, pero seguimos nuestro trayecto porque aun teníamos cosas que hacer aunque ya pasan de las 10 de la noche.
Lo malo es que al otro día madrugábamos por que a las 7 de la mañana el buquebus partiría para llevarmos a Montevideo, Uruguay, en donde continuaríamos nuestra aventura.
Lo que aprendí de Argentina
- El café americano, no es como el que estás acostumbrado en México y Estados Unidos.
- Las mujeres y hombres son muy altos, delgados y la mayoría tiene ojos claros y son rubios.
- En Argentina aman a los mexicanos y conocen y adoran al Chavo del 8.
- También hay vendedores ambulantes que venden de todo un poco.
- La gente no es amable a menos que estés en un restaurante.
- El mate es la bebida primordial y no, no lo probé.
- El agua sabe diferente, todo era con gas o sin gas.
- El clima resecó mucho mi piel y el agua maltrató mi cabello.
- Hay árboles, muchos árboles.
- Se toman muy enserio los días de descanso, por que no, nadie trabaja el día del trabajo.
- En los baños hay dos tazas, no supe para que era la segunda.
- La coca-cola sabe diferente.
- Volvería a ir si se diera la oportunidad.
Esto aun no termina, aun me falta Uruguay…. Espero que hayan leído todo esto.




