Por fin he vuelto después de tantos meses y quise escribir una vez más antes de que el año termine, por eso plasmo aquí esos pensamientos que han asaltado mi cabeza en los últimos días.
Y es que ya se está acabando el 2018 y la verdad no sé si a ustedes les pase pero en diciembre y un mes antes de mi cumpleaños, es cuando más reflexiva me vuelvo. Quiero pensar que es porque justo en este tiempo es la culminación de un ciclo.
Me vuelvo más analítica en lo que respecta a todas las cosas buenas y las malas que ocurrieron en ese tiempo y de esta manera veo la forma en la que puedo mejorarlas en el nuevo periodo que estás por comenzar.
Así he estado en diciembre, he analizado a las nuevas personas que llegaron a mi vida, todos esos buenos momentos ocurridos durante el año y claro, todas esas amargas experiencias que por supuesto dolieron, pero que siempre te dejan un aprendizaje.
Valoro a todos aquellos que con el paso de los años continúan en mi vida y siguen llenándola con grandes momentos, hermosas sonrisas y anécdotas que recordaremos en unos años.
También pienso en que conforme pasa el tiempo te das cuenta quien si, quien no y quien ni en sueños.
Pero una de las cosas que me ha estado dando vueltas en la cabeza, es el hecho de que todo el tiempo escuchas y lees en todas partes y que profesionales lo recomiendan y debes hacerlo, es esa fracesita tan trillada que dice: “debes ser tú mismo”.
Si realmente te pones a pensar, no todas las personas a tu alrededor y en el mundo, están listas ni para ser ellos mismos ni para aceptar las verdaderas personalidades de quienes conocen. Y es justo este el tema que abordaré en esta ocasión.
Avergonzarse de sí mismos.
Para darles un poco de ejemplo les contaré un poco de mi. Siempre he sido una niña un poco introvertida y tímida. Cuando estaba en la secundaria, fui una chica realmente seria, callada, muy buena alumna y respetuosa con mis mayores. Eso sí, con mis amigas cercanas era un poco más desenvuelta, ya saben hacía bromas, hablábamos y nos divertíamos a nuestra manera. Debo decir que fui del grupo de las seriecitas. (Para los que no me creen pueden preguntarle a mis amigas, a quienes todavía conservo). Nunca me mentí en problemas por conducta ni por no llevar tareas, siempre acudí a todas mis clases y fui aplicada aunque no de las más sobresalientes del salón.
Cuando entré a la prepa, fui todavía más seria, más callada y más tímida aún. Si tenía amigas, igual, del grupo de las serias, ahora eran menos y claro, seguía haciendo bromas, mostrando mi lado divertido, por que si, tengo un lado divertido.
Pero fue justo en esta etapa que me di cuenta de que mucha gente fingía ser de cierta manera para poder “encajar” en un grupo. Ser aceptados. Yo en cambio seguía siendo tímida e insegura, pues en esta etapa tenía mucho sobrepeso y a esa edad pues los chicos se fijan mucho en las chicas. No en mi, por supuesto, pero ese es otro tema.
El caso, es que esa preparatoria en donde yo estudié había mucho hijo de papi, a algunos los llevaban sus papás, los que tenían suerte traían su propio coche, pero la mayoría andábamos en transporte colectivo.
Yo vivía en una de las colonias más populares de la ciudad, en donde todos hacían malas referencias y ya saben, “la zona jodida” pero eso yo no lo sabía. Total que en una ocasión mi prima, la cual por cierto, vivía a unas casas de la mía y que estudiaba en otra escuela, nos topamos un día a la hora de salida en la parada del microbús, y cuando pasó el correspondiente a nuestra ruta le dije: “Vamos” y ella dijo que esperará otro camión. Y pues no me pareció mal, pensé que iba a otra parte.
En otra ocasión me la volví a topar en la mañana, de ida a la escuela y cuando estaba cerca de su escuela, ella simplemente no se bajó sino que se pasó de largo. Realmente me extrañó porque pensé que llegaría tarde, entonces le dije: ¿porqué no te bajaste aquí? y dijo que pues porque le quedaba más cerca si tomaba otra ruta más adelante. Y pues a mi me pareció lo más correcto.
Nuevamente me la topé otro día al salir de clases e hizo lo mismo, para entonces yo ya había hecho conjeturas erróneas, pensé que iba a hacer alguna tarea a casa de una amiga o simplemente dar la vuelta a otro lugar. Pero mientras charlábamos dijo que iba a casa, entonces cuando llegó la ruta que nos dejaba cerca de casa, yo me moví para subirme y vi que ella no me seguía, entonces le pregunté: ¿Por qué si vas a tu casa no tomas este camión? Ella dijo que iba a tomar otra ruta, y pues esa la dejaba bastante lejos, tendría que tomar dos para poder llegar a casa. Le cuestioné porqué tomarlo y me dijo: “Pues porque me da vergüenza que vean que me subo a este micro y sepan que vivo en La Juárez”.
Debo decir que yo en ese tiempo jamás me había puesto a pensar en eso, nunca pasó por mi cabeza que yo debería sentirme avergonzada de la colonia en donde vivo y la ruta de camión que tomaba. Es decir, a mi no me daba pena, pues porque en realidad mi casa estaba en esa colonia.
También en alguna ocasión ella me comentó que por qué dejaba que mi papá me llevara por las mañanas a la escuela, y pues le dije que para mi era más cómodo. El asunto era que él me llevaba en el camión que usaba para ir al rancho por leña. Les cuento que en aquel entonces teníamos una tienda en donde e vendíamos leña, carbón y ese tipo de cosas. Mi papá viajaba constantemente a Méndez, Tamaulipas para abastecerse de esta mercancía la cual tenía bastante demanda.
En serio, a mi nunca me dio pena que vieran a mi papá con su ropa sucia del trabajo, ni que me llevara en ese camión viejo, en ocasiones cargado, ni mucho menos en la colonia donde vivía. Todo eso era yo, era parte de lo que yo era. Mi papá tenía su ropa sucia porque trabajaba y no lo hacía en una oficina o alguna empresa como quizás lo hacían los padres de mis compañeras. Él tenía un trabajo propio, más pesado y pues nosotras, mi mamá, mis hermanas y yo ayudábamos. Nunca pensé que debí avergonzarme de ellos, de lo que eran o de lo que era yo.
Eso me enseñó a que la mayoría de los chicos de mi edad fingían ser personas que no eran para sentirse aceptados, porque estúpidamente pensaban que si eran de otra colonia, si tenían coche, dinero o buena ropa eran mejores personas.
Todos fingen.
Al parecer, las cosas no son diferentes hoy en día pues actualmente existe el internet y las benditas redes sociales. Aquí todo el mundo es capaz de crear una historia de sí mismos, una que no siempre tiene que ver con la realidad.
Compartir la marca de ropa que usas, el café que estas bebiendo, tu comida, los lugares en donde estás y que estás haciendo, se ha convertido en el pan nuestro de cada día.
La necesidad de pertenecer a un grupo es uno de los objetivos que el ser humano ha tenido toda la vida, ser parte de algo o alguien, por eso todo el tiempo trata de encajar y buscar su sitio.
Hoy en día la mayoría de la gente se dejan llevar por lo que ven en redes sociales, que si esa chica usa demasiado maquillaje, o que si tiene una bolsa de tal marca o que si se fue de vacaciones a tal lugar, todo eso con el fin de pertenecer a cierto lugar en el mundo. Círculos en donde no se sienten cómodos la mayoría del tiempo.
Lo peor es que usan filtros, bueno no sólo los usan, sino que abusan de ellos con el fin de “mejorar” su apariencia física haciendo que su cabello sea de cierto tono, su piel sea más clara, su cuerpo más esbelto o curvilíneo y sus ojos más claros, hasta llegar al punto de que cuando las ves en persona no las reconoces, pues no tiene nada que ver con lo que ves en internet.
Avergonzarse de quienes son tus padres o la casa en la que vives es avergonzarte de quien eres tú. Por que sí, todo eso de lo que te avergüenzas no es otra cosa más que de ti mismo. Ocultar todo eso no te hace mejor ser humano, no definirá quien eres. Si las personas a tu alrededor no aceptan quien eres tú, ¿para qué forzarte a encajar ahí?
Navegar con la bandera de: soy así de sangrón y egocéntrico porque tengo esta profesión que me deja mucho dinero que me permite tener este coche de lujo, asistir a elegantes sitios, comer platillos excéntricos en lugares costosos, viajar, disfrutar de buenos espectáculos y además alardeas de ello no va a ser que todo eso sea de verdad. La mayoría de las veces las personas que son así en internet, tienen una muy, muy triste realidad. Aquí sólo reflejas tu vacío interior, tu soledad. Fingir ante los demás ser alguien “pudiente” cuando en tu vida real estás completamente sólo en tu casa pequeña de una recámara, desordenada porque no tienes a nadie con quien compartir, ni todas esas cosas que presumías. Eso es triste.
Mi consejo es que lo mejor que puedes hacer es aceptarte a ti mismo como eres en realidad, ser humilde sin necesidad de hacer sentir menos a nadie porque denotas lo que eres tu el inferior. Si tú no aceptas a ti mismo tal cual eres, ¿cómo esperas que las otras personas lo acepten?
La gente no cambia, sólo se muestra cual es.
Toda tu vida vas diciendo a los demás sin palabras como tratarte, si tu permites ciertas actitudes hacía ti, les estás mostrando que eso no te parece mal, que está bien que lo hagan. Pero esto solo es debido a esa necesidad de pertenecer a algo y de encajar en ciertos grupos. No quiere decir que sea tu verdadero ser.
Por eso cuando en algún momento de tu vida, te cansas de fingir las personas a tu alrededor dicen que te has vuelto muy sangrón y cosas de ese tipo debido a que no pueden manipularte como antes lo hacían, como tú les habías permitido que lo hicieran.
También he escuchado mucho esa frase de “es que antes no eras así” o mi favorita: “has cambiado mucho” y de cierta manera, tienen razón. Cambiaste tu actitud al no permitirles más que sean como eran antes contigo, porque ya no estás dispuesto a tolerar esas actitudes.
Y es que el ser humano conforme pasa el tiempo va madurando, empiezas a apreciar las cosas de manera diferente, valoras más lo que tienes y también lo que no, además aprecias más a todas esas personas que a pesar de esto se quedan contigo.
Nuestro pensamiento va adquiriendo nuevas cosas, nuevos conocimientos y también te deshinibes de todo eso que en algún momento te acomplejó. Vas dejando las poses a un lado y aprendes a valorar a todos aquellos que se quedan para compartir contigo esa nueva etapa. O al menos eso quiero pensar.
Por que si, cuando este cambio sucede en ti, no quiere decir que tu personalidad esté cambiando, simplemente estás mostrando tu verdadero tú y esto no siempre agradará a todos.
Deber ser feliz con quien eres, tener seguridad en tu persona para transmitirlo a los demás y demostrar que no hay algo de lo que te avergüences de ti, porque eres valiosa y valiente por mostrar tu verdadero ser. Cuando esto ocurra, entonces los demás lo verán y te admirarán por eso…
Espero que les haya gustado. Prometo volver pronto con alguna otra idea que esté en mi cabeza.
Les agradeceré si pueden dejar comentarios, eso me haría feliz.
Y les cuento que ahora pueden verme a mi junto a mi amiga y compañera Fabby García en nuestro programa de radio por internet llamado “Cosas de Mujeres” a través de “El Bunker, la radio por internet” todos los martes a las 7:00 p.m. Les comparto el link para que le den like a la pagina, vean de que se trata y nos escuchen… Muchas gracias.
https://www.facebook.com/elbunkerradioreynosa/videos/306776306828137/



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